Lección 11 – “El sábado: don del Eden”

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Lecciones de la Escuela Sabática

Primer  Trimestre de 2013: “Los orígenes”

Lección 11 – “El sábado: don del Edén”

Semana del 9 al 15 de marzo de 2013

Comentario auxiliar realizado por Sikberto Renaldo Marks, profesor titular en la cátedra de Administración de Empresas de la Universidad Regional del Noroeste del Estado do Rio Grande do Sul – UNIJUÍ (Ijuí – Río Grande do Sul).

Este comentario es sólo un complemento para el estudio de la lección original.

Versículo para Memorizar: “Porque el Hijo del Hombre es Señor del sábado” (Mateo 12:8).

 

Sábado de tarde – Introducción

 

Queda bien claro que el sábado pertenece a Jesús, por lo tanto, nadie aparte de Él tiene autoridad sobre la bendición y la santificación que fue determinada para ese día en el acto final de la creación, según Génesis 2:1-3. Ni el emperador Constantino, ni el papa, ni la Iglesia Católica, realmente nadie puede hacer alguna alteración en el mandamiento del sábado. Fue un día establecido por Jesús, en la creación, para toda la humanidad. Y fue el mismo Jesús quien dijo que el sábado existiría mientras existiera la creación (Mateo 5:18).

 

El sábado fue hecho para el beneficio del ser humano. Existe para nuestro bien. Por eso debemos dedicar las horas del sábado para las actividades espirituales, pues así estaremos cultivando una buena relación con el Creador, que también es Amor. Esta relación debe ser más intensa, y sin elementos potencialmente perturbadores, tales como el estar preocupado con trabajos seculares, por ejemplo. En síntesis, el sábado existe para que cultivemos intensamente el amor con Dios y con nuestros semejantes, de manera exclusiva.

 

Elena G. de White nos brinda interesantes recomendaciones acerca de cómo vivir el sábado. “El hombre… tiene una obra que cumplir en sábado: atender las necesidades de la vida, cuidar a los enfermos, proveer a los menesterosos. No será tenido por inocente quien descuide el alivio del sufrimiento ese día. El santo día de reposo de Dios fue hecho para el hombre, y las obras de misericordia están en perfecta armonía con su propósito. Dios no desea que sus criaturas sufran una hora de dolor que pueda ser aliviada en sábado o cualquier otro día”.

 

“Lo que se demanda a Dios en sábado es aun más que en los otros días. Sus hijos dejan entonces su ocupación corriente, y dedican su tiempo a la meditación y el culto. Le piden más favores el sábado que los demás días. Requieren su atención especial. Anhelan sus bendiciones más selectas. Dios no espera que haya transcurrido el sábado para otorgar lo que le han pedido. La obra del cielo no cesa nunca, y los hombres no debieran nunca descansar de hacer bien. El sábado no está destinado a ser un período de inactividad inútil. La ley prohíbe el trabajo secular en el día de reposo del Señor; debe cesar el trabajo con el cual nos ganamos la vida; ninguna labor que tenga por fin el placer mundanal o el provecho es lícita en ese día; pero como Dios abandonó su trabajo de creación y descansó el sábado y lo bendijo, el hombre ha de dejar las ocupaciones de su vida diaria, y consagrar esas horas sagradas al descanso sano, al culto y a las obras santas. La obra que hacía Cristo al sanar a los enfermos estaba en perfecta armonía con la ley. Honraba el sábado” (El Deseado de todas las gentes, p. 177).

Domingo – La creación y el sábado

 

“Dios hizo al mundo en seis días literales, y en el séptimo día literal descansó de toda su obra que él había hecho, y fue refrigerado. Así ha dado al hombre seis días en los cuales trabajar.  Pero santificó el día en que él descansó, y lo dio al hombre para ser observado, para que se lo conservara libre de todo trabajo secular. Al poner aparte así el sábado, Dios dio al mundo un monumento conmemorativo.  No apartó un día y cualquier día de los siete, sino un día específico, el séptimo día. Y al observar el sábado, manifestamos que reconocemos a Dios como el Ser vivo, el Creador de los cielos y la tierra”.

 

“No hay nada en el sábado que lo restrinja a una clase particular de personas.  Ha sido dado para todo el género humano. Ha de ser empleado, no en la indolencia, sino en la contemplación de las obras de Dios. Esto habían de hacer los hombres para que ‘supiesen que yo soy Jehová que los santifico’ (Ezequiel 20:12)” (Testimonios para los ministros, pp. 133, 134).

 

Algunos puntos importantes en relación con el sábado:

 

  • Fue instituido por Dios, no por un ser humano o alguna criatura; por lo tanto, quien tiene autoridad sobre ese día es Dios, y solamente Él.
  • Eso sucedió en la semana de la creación, y forma parte de ella; por lo tanto, no se puede cambiar el sentido de esa semana, o sea, invertir el orden de los días de la semana de la creación, pues en el primer día Dios dijo “Haya luz”, y no santificó el primer día, tal como muchos hacen hoy.
  • El sábado fue establecido en la creación, para los padres de toda la humanidad, cuando todavía no existía ningún judío o alguna raza o tipo de nación; entonces, tanto la semana como el séptimo día santo fueron establecidos para toda la humanidad, no sólo para algunos, ni –como se dice– que el sábado es solo para los judíos.
  • Es bueno investigar la Biblia. Podríamos ver si existe alguna declaración en ella de que el sábado es sólo para los judíos. Pero no existe.
  • Jesucristo, el Creador, fue quien instituyó el sábado; por lo tanto, en la creación, Él es el Señor del sábado, tal como Él dijo.
  • Fue en la creación, así como durante los años en los que Jesús vivió entre nosotros, que Él guardó el día sábado, tal como Él mismo lo determinó; y jamás se refirió a algún cambio en ese mandamiento.
  • El descanso sabático no es solo una orden del Creador: Él mismo nos dio el ejemplo, tal como seguramente lo hace hasta hoy, y continuará haciendo siempre, porque Dios “no cambia”.
  • Es muy importante saber que el cambio no santificado del sábado al domingo fue obra de un ser humano, el emperador pagano Constantino, y aceptado por la Iglesia Católica, que –al contrario de lo que ella afirma– no tiene autoridad para hacer o avalar tal cambio, pues Jesús dijo –y lo dejó bien en claro– que Él es el Señor del sábado.

 

El sábado tiene dos importantes mensajes; el primero, nos remite al memorial de que todo fue creado por Dios, y ese mensaje nos dice que nosotros, seres humanos creados, no podemos alterar los mandamientos de Dios. El segundo mensaje nos dice que es un día en el que debemos mantener una especial comunión de amor con nuestro Creador y entre nosotros. Es un día especial para que nos dediquemos al amor, para que tengamos una vida digna y promisoria, y que todo lo demás en este planeta reciba, a través de nosotros, la bendición que reposa en abundancia sobre el sábado, desde la primera semana de la creación.

 

Lunes – El rico significado del reposo sabático

 

Pareciera que desconocemos a Dios, y no lo comprendemos fácilmente. Bajo este título yo esperaba algo más. Al fin de cuentas, ¿para qué Dios nos dio el sábado? Porque Él mismo dijo: “No hagas en él obra alguna”. ¿Cuál es la razón del descanso.

 

Sin duda el sábado presume otras obvias connotaciones, dependiendo de las circunstancias. Es evidente que el sábado es un “memorial” de la creación, una “señal” entre Dios y la criatura, un “recordativo” de la liberación de Egipto, una “promesa” de salvación en el reposo en la Tierra Nueva. Pero el sábado es más que eso.

 

Del apóstol Juan podemos aprender más acerca del significado profundo de los mandamientos de Dios. Pocos prestan atención a este significado. Por ejemplo, en 1 Juan 2:3-8, aprendemos acerca del amor. Allí hay una relación entre el amor y los mandamientos, y el sábado está entre los mandamientos. Se trata de la intimidad entre Dios y las criaturas hechas a su semejanza. Así también lo expresa 1 Juan 3:24; 4:7-20; 5:3; 2 Juan 5 y 6. También podemos leer en el libro de Juan 14:13-15, 21-24 y 15:7-10. No podríamos dejar de leer Romanos 13:3-10. Y tendríamos muchos versículos más.

 

¿Qué aprendemos de esos textos? Acerca del amor de Dios, y que el amor está en la Ley, y  se refleja en la Ley. Quien obedece a la Ley expresa el amor de Dios. Aprendemos que el amor necesita de momentos de intimidad, momentos de dedicación exclusiva entre los que se aman. Estos son momentos en los que los verdaderos amantes dejan de lado todo lo que están haciendo para dedicarse el uno hacia el otro. El amor necesita intimidad, y el sábado es el día de la intimidad entre Dios y las criaturas. Por eso el propio Dios descansó, esto es, se dedicó a hacer sólo lo que era necesario para mantener la intimidad con sus criaturas. Ese es el verdadero y profundo significado del sábado. Es el día de la familia, en el que nos vinculamos más profundamente con Dios para estrechar lazos más profundamente entre nosotros, especialmente entre los integrantes de la familia. Luego de haber creado a Adán y Eva, el día siguiente fue sábado, por lo que fue el día de la conmemoración de la creación de todas las cosas, especialmente del matrimonio, o sea, del círculo íntimo para el desarrollo de la felicidad. Y la vida sin felicidad no tiene ningún sentido.

 

Es curioso, y a la vez interesante, que los defensores del domingo estén descubriendo la necesidad de que la familia tenga su día especial. Ellos defienden la postura de que ese día es el domingo, pues así lo llaman: “Día del Señor y de la familia”. ¿Y nosotros? ¿Qué nos falta para que entendamos que debemos demostrarle al mundo que el día de la familia es el sábado? Nuestra lección no trata ese aspecto, por lo que queda una laguna en el estudio. Todavía no estamos comprendiendo bien todas las razones por las cuales Dios, el Creador, nos dio el sábado.

 

Elena G. de White escribió acerca de esto, y nos enseña: “El sábado y la familia fueron instituidos en el Edén, y en el propósito de Dios están indisolublemente unidos. En ese día, más que en cualquier otro, nos es posible vivir la vida del Edén. Era el plan de Dios que los miembros de la familia se asociaran en el trabajo y el estudio, en el culto y la recreación, el padre como sacerdote de su casa, y él y la madre, como maestros y compañeros de sus hijos. Pero los resultados del pecado, al modificar las condiciones de la vida, han impedido, en extenso grado, esta asociación.  Con frecuencia ocurre que el padre apenas ve los rostros de sus hijos durante la semana.  Se encuentra casi totalmente privado de la oportunidad de ser compañero de ellos e instruirlos. Pero el amor de Dios ha puesto un límite a las exigencias del trabajo. En su día reserva a la familia la oportunidad de tener comunión con él, con la naturaleza y con su prójimo”.

 

“Puesto que el sábado es una institución recordativa del poder creador es, entre todos los días, aquel en que deberíamos familiarizarnos especialmente con Dios por medio de sus obras. En la mente de los niños, el solo pensamiento del sábado debería estar ligado al de la belleza de las cosas naturales. Feliz la familia que puede ir al lugar de culto el sábado, como Jesús y sus discípulos iban a la sinagoga, a través de campos y bosques, o a lo largo de la costa del lago. Felices los padres que pueden enseñar a sus hijos la Palabra escrita de Dios con ilustraciones obtenidas de las páginas abiertas del libro de la naturaleza; que pueden reunirse bajo los árboles verdes, al aire fresco y puro, para estudiar la Palabra y cantar alabanzas al Padre celestial”.

 

“Por medio de esta relación, los padres pueden ligar sus hijos a sus corazones, y de este modo a Dios, con lazos que nunca podrán se quebrantados” (La educación, pp. 250, 251).

 

Martes – Jesús y el sábado

 

¿Qué quiso decir Jesús cuando expresó: “El sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado” (Marcos 2:27)?

 

Los rabinos habían convertido al sábado en una carga, tantas habían sido las reglas creadas para su observancia. Ellos estaban delante del Autor de la Ley queriendo enseñarle acerca de cómo Él, el Creador, debía guardar el sábado. Pero fueron más lejos aún: reprendieron al Autor de la Ley cuando hizo algo que –según ellos, los rabinos– no era lícito. Este debate dio pie para que hoy muchos, basándose en ello, digan que Jesús anunció el cambio del sábado al domingo, y que el sábado era para los judíos, mientras que el domingo es para los cristianos. Ni remotamente Jesús dijo algo que hubiera podido justificar tal interpretación. Muy por el contrario, Él revalorizó el sábado, tal como veremos a continuación. El Comentario bíblico adventista dice, con respecto a esto: “Los innumerables requisitos de los rabinos para la minuciosa observancia del sábado se basaban en el concepto de que, a la vista de Dios, el sábado era más importante que el hombre mismo.  De acuerdo con el indudable razonamiento de esos ciegos expositores de la ley divina, el hombre fue hecho para el sábado: para guardarlo mecánicamente. Los rabinos reducían el sábado a un absurdo mediante su rígida e insensata distinción entre lo que se debía hacer y lo que no se debía hacer en ese día…” (Comentario bíblico adventista, tomo 5, p. 576). Por lo tanto, según sus exigencias, el sábado era tan difícil de ser guardado que ni siquiera ellos seguían sus propias reglas. Es decir que ellos estaban, de hecho, preparando el camino para la santificación de otro día, más liviano, el domingo, que ya en esos tiempos era santificado por los paganos.

 

Cuando Jesús dijo que el sábado había sido establecido por causa del hombre, y no al revés, dijo que el ser humano, hombres, mujeres y niños, en fin, toda la humanidad, necesitaban un tiempo especial para dedicárselo a Dios y a las cosas sagradas, para tener un desarrollo moral y espiritual, para cultivar un carácter según los principios superiores. Había que dejar de lado las preocupaciones y los quehaceres cotidianos y dedicarse al estudio del carácter según la voluntad de Dios. El sábado fue, y todavía lo es, un día para aumentar la felicidad del ser humano, una bendición, no una carga.

 

Entonces, en el sábado se puede –y se debe– hacer todo el bien que se pueda a quien lo necesite. Por ejemplo, si en el día de sábado sobreviene una inundación en alguna ciudad, debemos socorrer a las personas tanto como fuere posible. Si alguien necesita ayuda médica, lo debemos hacer. Pero en aquél tiempo los rabinos habían hecho para el sábado un cúmulo tan lleno de reglas que ni siquiera podía recoger una fruta de un árbol para comer.

 

Jesús, el Autor del sábado, hizo sanamientos en ese día. Y los rabinos se pusieron furiosos. Pero Jesús era quien los hizo, y Él había sido quien estableciera el sábado, no los rabinos. “Al sanar al hombre que tenía una mano seca, Jesús condenó la costumbre de los judíos, y dejó al cuarto mandamiento tal cual Dios lo había dado. ‘Lícito es en los sábados hacer bien’, declaró. Poniendo a un lado las restricciones sin sentido de los judíos, honró el sábado, mientras que los que se quejaban contra él deshonraban el día santo de Dios” (El Deseado de todas las gentes, p. 254).

 

“Jesús había venido para ‘magnificar la ley y engrandecerla’. El no había de rebajar su dignidad, sino ensalzarla. La Escritura dice: ‘No se cansará, ni desmayará, hasta que ponga en la tierra juicio’ (Isaías 42:221, 4). Había venido para librar al sábado de estos requerimientos gravosos que hacían de él una maldición en vez de una bendición”.

 

“Por esta razón, había escogido el sábado para realizar el acto de curación de Betesda. Podría haber sanado al enfermo en cualquier otro día de la semana; podría haberle sanado simplemente, sin pedirle que llevase su cama, pero esto no le habría dado la oportunidad que deseaba” (Ibíd., p. 176).

 

En tal sentido, el Autor del sábado enseñó que podemos trabajar en ese día, si es para ayudar a disminuir el sufrimiento de alguien. Eso no es transgresión del cuarto mandamiento. Él dijo que el propio Padre, Dios, trabaja en ese día para el sustento de todo el universo. Y eso lo ha hecho siempre, desde la creación. En el sábado ya no hubo creación, sino solo sustentación. “Jesús les declaró que la obra de aliviar a los afligidos estaba en armonía con la ley del sábado. Estaba en armonía con la obra de los ángeles de Dios, que están siempre descendiendo y ascendiendo entre el cielo y la tierra para servir a la humanidad doliente. Jesús dijo: ‘Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro’. Todos los días son de Dios y apropiados para realizar sus planes en favor de la familia humana. Si la interpretación que los judíos daban a la ley era correcta, entonces era culpable Jehová cuya obra ha vivificado y sostenido toda cosa viviente desde que echó los fundamentos de la tierra. Entonces el que declaró buena su obra, e instituyó el sábado para conmemorar su terminación, debía hacer alto en su labor y detener los incesantes procesos del universo.

¿Debía Dios prohibir al sol que realizase su oficio en sábado, suspender sus agradables rayos para que no calentasen la tierra ni nutriesen la vegetación? ¿Debía el sistema de los mundos detenerse durante el día santo? ¿Debía ordenar a los arroyos que dejasen de regar los campos y los bosques, y pedir a las olas del mar que detuviesen su incesante flujo y reflujo? ¿Debían el trigo y la cebada dejar de crecer, y el racimo suspender su maduración purpúrea? ¿Debían los árboles y las flores dejar de crecer o abrirse en sábado?”

 

“En tal caso, el hombre echaría de menos los frutos de la tierra y las bendiciones que hacen deseable la vida. La naturaleza debía continuar su curso invariable. Dios no podía detener su mano por un momento, o el hombre desmayaría y moriría. Y el hombre también tiene una obra que cumplir en sábado: atender las necesidades de la vida, cuidar a los enfermos, proveer a los menesterosos. No será tenido por inocente quien descuide el alivio del sufrimiento ese día. El santo día de reposo de Dios fue hecho para el hombre, y las obras de misericordia están en perfecta armonía con su propósito. Dios no desea que sus criaturas sufran una hora de dolor que pueda ser aliviada en sábado o cualquier otro día” (Ibíd., pp. 176, 177).

 

Miércoles – El sábado en los últimos días

 

En los últimos días habría personas burladoras, diciendo que siendo que hace milenios que nada cambia, la historia del regreso de Jesús es una farsa. Que eso nunca sucederá. Todo funciona normalmente, la ciencia brinda novedades cada día, la tecnología aporta soluciones impresionantes. Al final, la vida, a través de la ciencia y la tecnología promete un mejor futuro sobre la tierra. Las cosechas están aumentando, el problema de la falta de lluvia está siendo investigado y hay posibilidades concretas de mejoría. La productividad está aumentando, las mejorías genéticas ya dan resultados. La industria se está robotizando, mejorando la calidad, mientras que se reducen los costos.

 

De hecho, la humanidad jamás ha visto tanto desarrollo como en estas últimas décadas. Pero, al mismo tiempo, nunca hemos estado tan cerca del precipicio global. Las catástrofes y los conflictos aumentan, así como el comportamiento humano se vuelve cada vez más amenazador. Y en la carrera entre el desarrollo, y la franca degeneración, ésta es la que viene ganando.

 

El desarrollo induce a que muchos piensen: “¿Justamente ahora hablan acerca de la venida de Jesús? No tiene sentido. Ya sabemos cómo resolver nuestros problemas. Las cosas van a mejorar, y sólo venceremos la actual crisis económica que se hace presente en los países desarrollados del mundo. Basta con que se unan todas las iglesias, sin conflictos ni peleas entre las distintas denominaciones, para reeducar a la gente a una nueva ciudadanía global sustentable. Hay buenas ideas, se están ventilando algunas soluciones. Si todo sale bien, alcanzaremos un período de gran prosperidad y paz”.

 

¡No falta mucho para que lleguen a afirmar “Paz y seguridad”! El mundo visiblemente está encaminado en esa dirección, para virar a continuación hacia una inesperada y repentina destrucción. Al lado de lo que parece ser progreso, está la más fuerte degeneración de la sociedad humana. Por encima del desarrollo, mucho más fuerte, está la corrupción, la que conduce al caos.

 

El evangelio eterno, que forma parte del mensaje del último Elías, es la proclamación de temer a Dios y darle gloria, para adorarlo como Creador. Este es el mensaje central del sábado, que el que debemos recordarlo y santificarlo, porque Dios creó todo en seis días, y santificó el séptimo para que nos sirviera de ejemplo. El último mensaje al mundo es de adoración al Creador, contra el otro mensaje de la santificación del domingo, con la adoración al no-creador. El sábado sucedió los seis días de la creación; el domingo es el primer día de la creación, antes del cual nada fue creado. Por eso es el día del no-creador, y el sábado es el día del Creador. Allí reside el gran mensaje final al mundo, la última proclamación y –también– la gran controversia.

 

Si la humanidad comprendiera la verdad del sábado y la obedeciera, el regreso de Jesús ocurriría en un clima de gran expectativa global, en paz, todos teniendo el mismo deseo de ser salvos por la eternidad. Pero el conflicto viene aumentando y contra aquellos que proclaman la Segunda Venida es que se levantarán las más crueles y audaces embestidas de persecución y muerte. Pero esta vez el sufrimiento será breve, y sabemos que será la última batalla, entonces veremos a Jesús tal como Él es. Y muchos de los que están leyendo este comentario también lo verán con sus propios ojos, al Salvador viniendo desde el espacio cósmico como Rey de reyes y Señor de señores.

 

Jueves – Un Salmo para el sábado

 

Leamos el Salmo 92, dedicado al sábado: “[Canción para el sábado] ¡Cuán bueno es agradecerte, Señor, y cantar salmos a tu Nombre, oh Altísimo! Anunciar tu amor por la mañana, y tu fidelidad cada noche, al son del decacordio y el salterio, en tono suave con el arpa. Señor, por cuanto tus obras me han alegrado, en las obras de tus manos me gozo. ¡Cuán grandes son tus obras, Señor! Muy profundos son tus pensamientos. El necio no sabe, el insensato no entiende. Aunque broten los impíos como la hierba, y florezcan los malhechores, serán destruidos para siempre. Pero tú, Señor, para siempre eres, Altísimo, y tus enemigos, Señor, perecerán. Todos los que obran maldad serán dispersados. Tú exaltarás mi fuerza como la del búfalo, seré ungido con aceite fresco. Mis ojos verán caer a mis enemigos. Mis oídos oirán la derrota de los malignos que se levantan contra mí. El justo florecerá como la palmera, crecerá como el cedro del Líbano. Plantado en la casa del Señor, en los atrios de nuestro Dios florecerá. Aun en la vejez fructificará, estará vigoroso y lozano para anunciar que el Señor es recto, que es mi roca, y en Él no hay injusticia”.

 

Este salmo es de victoria para los que confían en el Señor. Curiosamente, no aparece en él la palabra “sábado”. Sin embargo, el autor lo dedicó al sábado, enfocando las bendiciones en aquellos que son fieles al Señor. Ellos serán victoriosos, y al final de todo el triunfo será grande. Los enemigos, que siempre fueron mayoría, serán derrotados. Antes, todos serán llamados al arrepentimiento. El Señor es la Roca de los fieles, y aunque parezca demorarse, la victoria ya no necesita ser conquistada, sino que nos será concedida a los que estén ligados al Señor. “Puesto que el sábado es una institución recordativa del poder creador es, entre todos los días, aquel en que deberíamos familiarizarnos especialmente con Dios por medio de sus obras. En la mente de los niños, el solo pensamiento del sábado debería estar ligado al de la belleza de las cosas naturales. Feliz la familia que puede ir al lugar de culto el sábado, como Jesús y sus discípulos iban a la sinagoga, a través de campos y bosques, o a lo largo de la costa del lago. Felices los padres que pueden enseñar a sus hijos la Palabra escrita de Dios con ilustraciones obtenidas de las páginas abiertas del libro de la naturaleza; que pueden reunirse bajo los árboles verdes, al aire fresco y puro, para estudiar la Palabra y cantar alabanzas al Padre celestial” (La educación, p. 251).

 

Viernes – Aplicación del estudio

 

Para hoy dejamos una reflexión acerca de cómo guardar el sagrado día de sábado. En esto, el pueblo de Dios debe ser un ejemplo para el mundo. Debemos ser un pueblo feliz de tener el sábado, demostrando el deseo de expandir esa felicidad a los demás, para que también ellos sientan esa bendición.

 

“La palabra ‘acordarte’ está colocada en el mismo principio del cuarto mandamiento.  Padres, necesitáis recordar vosotros mismos el día sábado para guardarlo santamente. Y si hacéis esto, estáis dando la debida instrucción a vuestros hijos. Ellos reverenciarán el santo día de Dios… A lo largo de toda la semana tened en cuenta el santo sábado del Señor pues ese día ha de ser dedicado al servicio de Dios. Es un día cuando han de descansar las manos de las tareas mundanales, cuando han de recibir especial atención las necesidades del alma” (Manuscrito 57, 1897; citado en Conducción del niño, p. 499).

 

“¡Oh el sábado! Sea el más dulce y el más bendito de todos los días de la semana… Los padres pueden y deben prestar atención a sus hijos, leyéndoles las porciones más atrayentes de la historia bíblica, educándolos para reverenciar el sábado, guardándolo conforme al mandamiento… Pero pueden hacer del sábado una delicia, si toman la debida actitud. A los niños puede interesarse en la buena lectura o en la conversación en cuanto a la salvación de su alma…” (Review and Herald, 14 de abril de 1885; citado en Conducción del niño, pp. 504, 505).

 

“Durante una porción del día, todos debieran tener oportunidad de salir al aire libre… Asóciense sus mentes juveniles con Dios en los hermosos panoramas de la naturaleza, llámeseles la atención hacia las manifestaciones de su amor por el hombre en sus obras creadas… Al ver las cosas bellas que creó para la felicidad del hombre, serán inducidos a considerarle como un Padre tierno y amable… Y al cobrar el carácter de Dios el aspecto atrayente del amor, la benevolencia y la belleza, se sentirán inducidos a amarle” (Joyas de los testimonios, tomo 1, p. 277).

 

“El sábado es un broche de oro que une a Dios y su pueblo” (Ibíd., tomo 3, p. 18).

 

“Santificar el sábado para el Señor significa salvación eterna” (Ibíd., p. 23).

 

Prof. Sikberto R. Marks

 

Escrito entre los días 30 de enero y 05 de febrero de 2013

Revisado el 12 de febrero de 2013

Traducción al español: Rolando D. Chuquimia

RECURSOS ESCUELA SABÁTICA ©

recursos.escuelasabatica@gmail.com

5 al 8 de marzo de 2013

 

 

Declaración del profesor Sikberto R. Marks

 

El prof. Sikberto Renaldo Marks se orienta por los principios denominacionales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y sus instituciones oficiales. Cree en la conducción de Cristo como Comandante supremo de la Iglesia y en la de sus siervos aquí en la tierra. No está de acuerdo con todas aquellas publicaciones que, a través de internet o de otros medios, denigran la imagen de la iglesia bíblica y que en nada contribuyen a que las personas sean estimuladas al camino de la salvación. El profesor ratifica su fe en la totalidad de la Biblia como Palabra de Dios, y en el Espíritu de Profecía, como un conjunto de orientaciones seguras para la comprensión de la voluntad de Dios y como texto superior a todos los demás escritos sobre asuntos religiosos. Entiende que hay siervos sinceros y fieles a Dios en todas las iglesias que, al final de los tiempos, se reunirán en un solo pueblo y serán salvos por Jesús en su Segunda Venida a este mundo.

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