Lección 13 – Mantener fiel a la iglesia

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Lecciones de la Escuela Sabática

Tercer Trimestre de 2012: 1 y 2 Tesalonicenses

Lección 13 – “Mantener fiel a la iglesia (2 Tesalonicenses 2:13 – 3:18)”

Semana del 22 al 29 de Septiembre

Comentario auxiliar realizado por Sikberto Renaldo Marks, profesor titular en la cátedra de Administración de Empresas de la Universidad Regional del Noroeste del Estado do Rio Grande do Sul – UNIJUÍ (Ijuí – Río Grande do Sul).

Este comentario es sólo un complemento para el estudio de la lección original

 

Versículo para Memorizar: “Así que, hermanos, estad firmes y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra” (2 Tesalonicenses 2:15).

 

Introducción – Sábado a la tarde

 

Mientras estemos en la tierra enfrentaremos dificultades y cometeremos errores. Eso, por dos razones. En primer lugar, porque todavía somos pecadores. Aunque podamos estar en franco proceso de transformación, en la senda de la santificación, y estemos cada día más capacitados para la obediencia a Dios, solo seremos perfectos cuando seamos plenamente transformados, y eso solo ocurrirá en el día del regreso de Cristo. El segundo motivo es que, en este planeta, mientras no sea restaurado, mientras aquí Satanás y sus ángeles continúen intentando inducirnos al error, como pecadores que somos estaremos sujetos a ser engañados. Esa es la realidad. Por lo tanto, lo que debemos hacer es velar.

 

Las dificultades que tengamos que enfrentar lo haremos tanto a nivel personal como a nivel de iglesia. Como personas nos equivocamos y pecamos, y esos errores obviamente afectan a la iglesia. Y también cometeremos errores como organización, como en el caso de las decisiones que se toman en nombre de la iglesia. Son decisiones en los distintos cuerpos colegiados, como las juntas locales, las asambleas administrativas, y también las decisiones ejecutivas, como la de los miembros que ocupan cargos, pastores, departamentales y presidentes. No existe la posibilidad de que tengamos una iglesia infalible, puesto que la gestión, en lo que tiene que ver con la faz humana, parte de un ser falible como somos los humanos. La iglesia sólo es perfecta en aquello que es llevado a cabo por los ángeles de Dios y por Cristo.

 

Esto nos lleva a una advertencia importante. Siempre debemos luchar, orar mucho y mantener una comunión con Dios, para que, yendo de transformación en transformación, seamos cada vez más semejantes a Jesús, y así permanecer firmes. Necesitamos velar para no estorbar la operación del Espíritu Santo en nuestra vida, manteniendo vicios de conducta que hace tiempo que sabemos que no son correctos, que no están aprobados por Dios. Y esto nos lleva a un llamado de atención: cuando descubramos que algo no es aceptable para dios, eso significará que, inequívocamente, el Espíritu Santo nos ha dado esa información. Para ello, Él puede valerse de distintos medios, tales como lecturas, asistir a una predicación, en vivo o grabada, y por muchas otras formas. Si no tomamos una actitud favorable a la operación del Espíritu Santo, nos estaremos apartando de Él, y arriesgándonos a que, con el tiempo, ya no escuchemos más su voz, atrayendo sobre nosotros una clase de “operación del error”. Esa operación del error es el efecto del pecado contra el Espíritu Santo. Conduce al camino de no desarrollar interés por cambiar de vida, acomodándose a los viejos pecados y arriesgando la vida eterna. Y muchas veces, eso puede llevar a rebelarse contra la iglesia y combatirla.

 

Domingo: Fieles por elección divina (2 Tesalonicenses 2:13-17)

 

La elección divina se da en reciprocidad a la elección humana. Todos los seres humanos desde el mismo principio hemos sido escogidos por Dios para ser salvos. Jesús murió por todos. La salvación es un don extendido a todos.

 

Sin embargo, el ofrecimiento de la salvación gratuita no es suficiente para que esa elección divina se complete y produzca los resultados deseados por Dios. El ser humano debe corresponder a través de una respuesta positiva. El ser humano también debe escoger a Dios.

 

Cuando el ser humano responde positivamente a la elección divina, se inicia una vida maravillosa de emociones interesantes. Surgen eventualmente los problemas, pero son resueltos de modos que muchas veces no pueden explicarse fácilmente. Las pruebas y las dificultades podrán surgir, pero la persona siente un poder superior que la hace continuar, manteniéndose firme. Se inicia una vida nueva y la persona experimenta el deseo de ir más allá de los atractivos de este mundo. Con el tiempo, se desencanta con lo que el mundo ofrece. Aun aquellas cosas lícitas e interesantes del mundo son puestas por encima de las cosas de Arriba. La prioridad pasa a ser la vida eterna, no algún provecho que pueda obtenerse de aquí.

 

La elección divina, para que en la práctica valga, debe ser iniciativa de Dios, y eso ya ha ocurrido. Pero también debe contener la aceptación de parte del ser humano. Sólo entonces la persona estará en la senda de la salvación, o sea que sólo allí podrá ser eficaz la condición de ser elegido.

 

¿Qué fue lo que sucedió en Tesalónica? Los creyentes habían recibido las enseñanzas de Pablo. Es lo que dice el versículo 14 del capítulo 2: “A lo cual os llamó por nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo”. Podríamos decir que, hasta allí, había obrado Dios, a través de ese predicador, ofreciéndoles salvación, y habiendo Jesús hecho todo para que pudiera concretarse esa salvación, o sea, que pudieran ser perdonados. Y lo interesante, lo que hace especiales a esos tesalonicenses, es que su respuesta se dio en unas pocas semanas, y se aferraron fuertemente a la salvación. Aceptaron la predicación que Dios hizo a través de Pablo. Y permanecieron firmes en la fe, por lo que Pablo les exhortó a que continuaran en esa condición, siempre firmes.

 

Así es como las personas se salvan. Todos hemos sido escogidos, pero en realidad sólo se salvan aquellos que aceptan la elección divina y permanecen fieles.

 

Parece demasiado simple, ¿no? ¡Pero es así de simple!

 

Lunes: Confianza frente al mal (2 Tesalonicenses 3:1-5)

 

¿Existe el mal? ¿Y el bien? ¿Hay realmente una guerra entre los dos? ¿Satanás realmente es un espíritu malo? ¿Y Dios, el Creador?

 

No debiéramos preocuparnos tanto con las evidencias para saber si las respuestas a estos interrogantes son positivas o no, ni debemos involucrarnos en debates. No es ese el enfoque, probar estas cosas, pues no es lo más importante. Debemos tener convicción de lo que creemos por medio de las Escrituras. Y en ellas debemos verificar sus pruebas de veracidad, que de hecho existen.

 

La coherencia de las Escrituras, a través de sus distintos autores, es una de sus pruebas de veracidad, así como el cumplimiento de sus profecías. La descripción profética de la Biblia escrita hace milenios sobre nuestros días, su exactitud y –como mínimo– su evidencia superior a lo que la ciencia actual, es capaz de prever para el futuro próximo en aspectos tales como la economía mundial. En cuanto a la previsibilidad de la Biblia hacia aspectos a largo plazo, la Biblia se convierte en una ciencia exacta, y la ciencia en un fracaso estadístico.

 

Pero la mayor comprobación de que Dios existe, que hay ángeles por aquí y que Jesús volverá otra vez, es la transformación que puede suceder en los seres humanos. El ejercicio del poder de Dios para recrear es una fuerte evidencia de que Él existe, y las cosas que suceden a nuestro alrededor, otra evidencia de la existencia del mal y de Satanás. No son pocas las personas que antes de su transformación eran malas, muchas de ellas peligrosas, ya sea por ser delincuentes o por ser farsante, tramposo. Luego de su encuentro con Cristo, se convirtieron en personas diametralmente opuestas a lo que antes eran, por la transformación. Aun más, la persona que, por ejemplo, ahora es mala, puede tener la gran oportunidad de probarle al mundo, a través de su transformación concretada por Dios, que Él existe y que tiene poder. En el caso de que una persona socialmente aceptable, se entregue a Dios y obviamente sea transformada, la diferencia entre lo que era antes y lo que es ahora no es tan impactante, como sí lo puede ser el caso de un asesino o un traficante que es transformado. Considera entonces el poder que posee el testimonio de quien es evidentemente una mala persona, sobre el poder transformador divino. Aprovecha esa oportunidad, y prueba con tu vida transformada que Dios existe.

 

Pablo exhortó a los tesalonicenses a que oraran por él. La oración es un recurso poderoso, pues sus efectos surgen de la asociación de un ser humano con el Creador del universo. Analiza lo siguiente: al orar estamos hablando, a la distancia, con Alguien que fue capaz de crear el universo de la nada, sólo por la fuerza de su voluntad. Si Él tiene tal capacidad, pregúntate: ¿Cuáles son sus límites? Si Él, por ejemplo, creó la
vida, ¿no podrá resucitar a quien la haya perdido? Si Él creó este mundo, ¿no puede recrear todo aquí?

 

Por lo tanto, si Él tiene tales poderes, y encima es puro amor, vale la pena mantener una comunión estrecha con Él, pues el resultado será bueno para nosotros, aunque todavía tengamos que experimentar algún sufrimiento.

 

Martes: Escritura y tradición (2 Tesalonicenses 3:6-8)

 

La verdad a la que Pablo se refirió estaba basada en las epístolas escritas y en las palabras pronunciadas por él, los apóstoles y por Jesús. En aquellos tiempos el Nuevo Testamento aún se estaba escribiendo. Los miembros de la iglesia, así como sus líderes aceptaban como guía segura los escritos del Antiguo Testamento, los textos ya escritos del Nuevo Testamento y lo que Jesús había dicho, junto a las palabras de los apóstoles. Estas dos últimas eran todavía una tradición, o sea, el resultado de la transmisión oral. Pero todas estas fuentes eran consideradas con igual credibilidad.

 

Hoy ya no podemos aceptar textos o declaraciones hechas en nuestro tiempo como de igual autoridad a las Escrituras. Lo que podemos –y debemos– hacer es, al escuchar o al leer, verificar si su fundamento es el correcto. Todo lo que llegue a nosotros que no sean las Escrituras, hay que cotejarlo si está de acuerdo con ellas. Los escritos de Elena G. de White son para nosotros, los adventistas, confiables, pero su estatus frente a la Biblia es que ellos las explican, no son un complemento ni podemos igualarlos con ella. Es curioso el hecho de que, con frecuencia, se acuse a los adventistas de considerar supuestamente a los escritos de Elena G. de White como iguales a la Biblia, cuando nadie se acuerda de acusar a la Iglesia Católica, ni a la Luterana, de considerar a sus catecismos como superiores a la propia Biblia.

 

Estamos en los días en los que las Escrituras debieran ser plenamente respetadas. Deben servir como un mapa para mostrar el camino de la vida eterna. Podemos aprender muchas cosas de ella, especialmente acerca de cómo vivir en coherencia con la superior voluntad divina. Pero, en realidad, en el mundo sucede exactamente lo contrario: se utilizan las Escrituras como fundamento para una infinidad de enseñanzas contradictorias, tantas como iglesias existen. En lo esencial, todas estas iglesias creen lo mismo: la santificación del domingo y la inmortalidad del alma.

 

Así como los cristianos de los tiempos apostólicos aceptaron las Escrituras y las palabras de los apóstoles y de Jesús, nosotros, del mismo modo, debemos aceptarla, ya sea por enseñanza o por ejemplo y testimonio de vida.

 

Miércoles: Trabajar y comer (2 Tesalonicenses 3:9-12)

 

La clase de gente cómoda, que se esfuerzan poco o menos de lo necesario, los que no hacen nada, o de los que se entrometen en las actividades de los demás descuidando las propias, siempre ha existido. Siempre hubo gente astuta que sabe cómo sobrevivir a costa de los demás. Estas personas se convierten en una carga para los padres, hermanos, amigos, etc., dependiendo de cada situación. No se puede incluir en esta lista a los enfermos, los ancianos, los niños, o los temporariamente desempleados, y otros casos especiales de gente que necesita ayuda.

 

En primera instancia, tales personas son candidatas al infierno. Nuestra vida cristiana debe ser de actividad productiva y constructiva. “La golondrina y la cigüeña obedecen los cambios de las estaciones.  Migran de un país a otro para hallar un clima adecuado a su conveniencia y felicidad, según el Señor quiso que lo hicieran.  Son obedientes a las leyes que gobiernan sus vidas.  Pero los seres formados a la imagen de Dios no le honran obedeciendo a las de la naturaleza.  Despreciando las leyes que gobiernan el organismo humano, se descalifican para servir a Dios.  El les manda advertencias por violar las leyes de la vida; pero el hábito es fuerte, y ellos no quieren escucharle.  Sus días se llenan de dolor corporal e inquietud mental, porque están resueltos a seguir los malos hábitos y las malas prácticas.  No quieren razonar de causa a efecto; sacrifican la salud, la paz y la felicidad a su ignorancia y egoísmo”.

 

“El sabio dirige estas palabras al indolente: ‘Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento’ (Proverbios 6:6-8).  Las habitaciones que las hormigas se construyen, demuestran habilidad y perseverancia.  Pueden manejar un solo granito a la vez, pero por la diligencia y la perseverancia realizan maravillas”.

 

“Salomón señala la laboriosidad de la hormiga como un reproche para los que malgastan horas en la ociosidad y las prácticas que corrompen el alma y el cuerpo.  La hormiga hace provisión para las estaciones futuras; pero muchos seres dotados de facultades de raciocinio no se preparan para la vida futura inmortal”.

 

“El sol, la luna, las estrellas, las rocas sólidas, el arroyo que corre, el amplio y agitado océano, enseñan lecciones que todos harían bien en escuchar” (Consejos para padres, maestros y alumnos, pp. 181, 182).

 

Jueves: Amor fuerte (2 Tesalonicenses 3:13-15)

 

¿En qué contexto podemos ubicar a esta sección del estudio? En un contexto de rebelión generalizada en el mundo fuera de la iglesia. Los homosexuales tienen más derechos que las personas con orientación sexual tradicional y exigen, amenazan o recurren a través de procesos judiciales. Aquellos que aman más el mundo que a Dios se consideran asistidos por la razón, apoyados por los medios y por las costumbres actuales, y tachan a todo lo que no esté conforme a lo que creen como anticuado.

 

Hace unas pocas semanas, las integrantes del grupo punk-rock Pussy Riot hicieron una presentación de mal gusto dentro de una catedral ortodoxa en Moscú en contra de Vladimir Putin, el presidente de Rusia. Fueron condenadas a dos años de prisión, lo que muchos consideran exagerado. Las opiniones se dividieron, muchos en contra de dicho veredicto. No estoy considerando los méritos de la condena, pero es digno de tener en cuenta el clamor mundial a favor de las jóvenes que cometieron aquél acto totalmente reprobable. Hay una tendencia generalizada de que todo está permitido, de impunidad para con los que viven por fuera de las normas y de prejuicio hacia todos aquellos que viven de acuerdo con las leyes. El mundo se ha vulgarizado en relación a las leyes, tanto la de Dios como la de los hombres, En la situación social actual, la pregunta que surge es: ¿Cómo encarar los casos de rebeldía dentro de la iglesia? No me estoy refiriendo a los que se equivocan por descuido, puesto que esas situaciones son simples de resolver si las encaramos con amor y, generalmente, todos salen ganando. Me estoy refiriendo a los casos de flagrante transgresión, que genera infamia al buen nombre de la iglesia.

 

Es en ese contexto que hoy debemos no sólo ser celosos del buen  nombre de nuestra iglesia, que está identificado con el Salvador y su mayor promesa, sino también velar por la vida espiritual de los miembros para no pierdan el rumbo de la senda a la vida eterna. Esa es una tarea difícil, actualmente combatida por el enemigo de la verdad y el amor. Jesús y Pablo dieron buenas instrucciones en este sentido. Cristo, en Mateo 18:15-17 dijo que en los casos de ofensas entre los hermanos (no todos los casos que requieren corrección son ofensas), aquél que se haya sentido ofendido debe dirigirse al hermano para hablar con él. Esto está en conformidad con otra instrucción dada por Jesús en Mateo 5:23. 24: la reconciliación con el ofensor. Cuando el ofendido recuerde esto en el momento en el que está ofrendando, debe interrumpir su acto de ofrenda e ir hasta el ofensor e intentar arreglar todo. Este es el principio del camino más fácil, o sea, es más simple que el ofendido tome la iniciativa de la reconciliación que el ofensor lo haga. Y esto es sabiduría de lo alto. Hay otro principio subyacente aquí: resolver la cuestión sin involucrar a otras personas, sin dar publicidad al acto. Si entre los dos hay arreglo, eso queda entre ellos, y no se habla más del asunto, al fin y al cabo existió el perdón y la solución. Mejor aun, hubo un crecimiento espiritual pues otorgar el perdón involucra un acto divino, que no es propio de este mundo.

 

Pero si el ofensor no se muestra humilde y resiste la reconciliación, en ese caso el ofendido debe retornar con una o dos personas más, como testigos, y también como mediadoras. Contribuyen con su persuasión para lograr la paz, pero también sirven como testigos en caso de que la situación conflictiva permanezca abierta. Y se el caso no se resuelve, sólo allí hay que llevarlo ante la iglesia, o sea, la junta de la iglesia, que estudiará el caso en detalle, arbitrará diligencias, recabará más informaciones, etc., para evitar malos entendidos. La comisión hará entonces una recomendación a la iglesia, quien dará la última palabra.

 

La lógica en este procedimiento es evitar que los problemas entre los hermanos lleguen a la asamblea, y de ser así, que se resuelvan con el menor trauma moral posible. Los problemas, si suceden, son como desafíos a nuestra santidad como pueblo de Dios, para que resolvamos sin publicidad ni difamación del nombre del ofensor y del nombre de la iglesia y del propio Dios. Cuando una persona insiste en llevar un caso precipitadamente ante la iglesia, está obrando con incompetencia espiritual, pues insiste en que muchos tomen conocimiento de algo sólo perjudica a todos. Pero aun es hablarlo fuera de la iglesia sobre algo que alguien ha hecho mal (esto es chisme y es algo demoníaco; el enemigo es quien tiene la mala costumbre de acusar). Debemos esparcir la fama de las cosas buenas; las malas debemos resolverlas cuanto antes sin chismes, como lo hacen los noticieros sensacionalistas en la televisión, que despiertan la atención de la mayoría de la gente. Sabemos, sin embargo, que hay casos en los que la iglesia debe pronunciarse públicamente. Imagina que la iglesia se llame a silencio ante un caso de abuso sexual de parte de algún miembro, cuya situación no se haya hecho pública aun. En caso de que eso sea más adelante conocido por todos, la iglesia quedará en una posición de connivencia, como la que escondió hechos que no son aceptados socialmente. Debemos resolver todo sin perjudicar la imagen de Cristo aquí en la tierra, ni la imagen de la iglesia, pues eso apartará a buenas personas de llegar a la salvación. Lo mejor sería que nosotros, miembros del cuerpo de Cristo, no diésemos motivos para llegar a actos reconciliatorios, y que viviéramos siempre reconciliados y en armonía.

 

Viernes: (Día de preparación para el sábado): Aplicación del estudio

 

La lección de este trimestre ha sido rica y variada en temas importantes para la vida cristiana. Debe esperarse que todos los estudiantes hayan sido transformados por la obra del Espíritu Santo, valiéndose del conocimiento adquirido. Siempre existe el riesgo de, al adquirir un nuevo conocimiento importante para nuestra salvación, no lo pongamos en práctica. En este caso estaremos habituándonos en nuestra mente a rechazar ese conocimiento, o –como mínimo– de permanecer indiferentes a él. Siempre que aprendamos algo nuevo, debemos valorar ese conocimiento interesándonos por los cambios que él requiera de nuestra vida. El Espíritu Santo no nos transformará por imposición, puesto que así no funcionan las cosas en el Reino de Dios.

 

Uno de los puntos importantes en los estudios de este trimestre ha sido el poder engañador de Satanás. Su principal agente en la tierra es el anticristo, en la persona del obispo de Roma, el papa. De hecho, es seguido por 1.200 millones de personas. Pero a este número debemos añadirle las otras iglesias que aceptan las doctrinas de Roma, por lo que el número se eleva a 2.500 millones de personas, entre las así llamadas iglesias cristianas. El poder engañador es tan intenso que, del otro lado de las iglesias “cristianas” está la que sigue completamente las enseñanzas bíblicas, la Iglesia Adventista del Séptimo Día, con aproximadamente 20 millones de miembros. Es decir que quien habla la verdad logra pocos interesados. La proporción es de menos de un adventista cada 100 cristianos. Es atemorizante ver el tamaño de ese poder engañador, y esto debe servirnos de advertencia, para que velemos por nosotros mismos, que en vez de mantenernos de pie, vengamos también a ser engañados. Ese es el peligro.

 

Hace tiempo que Satanás viene concediéndole poder a sus aliados. Pero Dios aun no está haciendo lo mismo con su pueblo. Dios no es irresponsable como lo es Satanás. El enemigo concede poder a su confusa Babilonia, sin importar las consecuencias; Dios solo concederá su poder a un pueblo que lo represente dignamente, tal como Él es. Así, cuando su pueblo, que se llama por su nombre, se humille, y permita que sea transformado totalmente, entonces el mundo verá, como jamás lo ha hecho, lo que es el poder de Dios en acción a través de personas fieles. La lucha de los antiguos hermanos de Tesalónica nos sirven de enseñanza (pues nosotros también estamos en guerra espiritual) de que hay un enemigo poderosísimo que detenta una capacidad increíble de persuadir seductoramente al error. Dios tiene en nosotros instrumentos a través de los cuales desea alertar al mundo a esta situación, llevando el evangelio de la verdad al mundo entero, para que Jesús vuelva muy pronto. Las señales están proclamando a alta voz que Jesús está a las puertas. Las trompetas que los ángeles utilizarán para tocar en el regreso de Jesús a la tierra están listas, y las arpas que tocaremos al llegar al mar de vidrio ya están afinadas. Pronto, muy pronto, Él vendrá, tal como lo prometió. Que tú estés listo, velando cada día.

 

Prof. Sikberto R. Marks

 

Escrito entre los días 15 y 28 de agosto de 2012

Revisado el 29 de agosto de 2012

Corrección del texto original por Jair Bezerra.

Traducción: Rolando D. Chuquimia

RECURSOS ESCUELA SABÁTICA ©

recursos.escuelasabatica@gmail.com

22 de septiembre de 2012

 

 

 

 

Declaración del profesor Sikberto R. Marks

 

El prof. Sikberto Renaldo Marks se orienta por los principios denominacionales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y sus instituciones oficiales. Cree en la conducción de Cristo como Comandante supremo de la Iglesia y en la de sus siervos aquí en la tierra. No está de acuerdo con todas aquellas publicaciones que, a través de internet o de otros medios, denigran la imagen de la iglesia bíblica y que en nada contribuyen a que las personas sean estimuladas al camino de la salvación. El profesor ratifica su fe en la totalidad de la Biblia como Palabra de Dios, y en el Espíritu de Profecía, como un conjunto de orientaciones seguras para la comprensión de la voluntad de Dios y como texto superior a todos los demás escritos sobre asuntos religiosos. Entiende que hay siervos sinceros y fieles a Dios en todas las iglesias que, al final de los tiempos, se reunirán en un solo pueblo y serán salvos por Jesús en su Segunda Venida a este mundo.

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