Lección 6: “Victoria sobre las fuerzas del mal”.

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¿Qué es lo que garantizará nuestra victoria? ¿De qué modo la victoria de Jesús es transferida a los integrantes de su pueblo? Por el perdón, mediante el arrepentimiento. Es entonces que la concesión del poder del Espíritu Santo conducirá al pueblo de Dios a la victoria final. ¿Y cómo se concretará esa victoria? Mediante una ardua obra de rescate de las personas que aun permanecen en el imperio de Satanás, para convertirlas en ciudadanas del Reino de Dios.

 

Lecciones de la Escuela Sabática

Cuarto  Trimestre de 2012: “Crecer en Cristo”

Lección 6 – “Victoria sobre las fuerzas del mal”

Semana del 3 al 10 de noviembre de 2012

Comentario auxiliar realizado por Sikberto Renaldo Marks, profesor titular en la cátedra de Administración de Empresas de la Universidad Regional del Noroeste del Estado do Rio Grande do Sul – UNIJUÍ (Ijuí – Río Grande do Sul).

Este comentario es sólo un complemento para el estudio de la lección original.

Versículo para memorizar: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquél que nos amó” (Romanos 8:37).

 

Sábado de tarde – Introducción

 

La lección identifica una tendencia actual en relación al cristianismo. Debido a que el principal objetivo, que es el de anunciar la salvación y la Segunda Venida de Cristo ya no es considerado importante, muchas denominaciones cristianas ya no hablan más del tema, y buscan otros motivos para justificar su existencia.

 

Entre las razones para la existencia de algunas iglesias cristianas es, tal como lo expresa la lección, podríamos enumerar a socorrer a los pobres, hacer obras de beneficencia, construir centros de entrenamiento para jóvenes, etc. O sea, “contribuir a solucionar los problemas de la vida cotidiana”. Todo esto es importante, y está bien hacerlo.

 

Queremos añadir otro objetivo que, aproximadamente desde el inicio de la década pasada, está ocupando el interés del cristianismo. Es el de resolver los grandes problemas del mundo. ¿Y cuáles son? Enumeremos solo algunos: las guerras, la violencia y el aumento de la criminalidad, el terrorismo, la corrupción, la inmoralidad, la destrucción de la naturaleza, el tráfico de armas, drogas y personas; falta de seguridad; conflictos religiosos; la miseria, la pobreza y el hambre; la falta de educación; los conflictos políticos… Hay muchos problemas más. Las iglesias, no sólo las cristianas, están siendo invitadas por los líderes políticos para que contribuyan en la solución de dichos problemas. La idea básica es buscar “paz y seguridad”, y –de hecho– se habla mucho de eso. Eso formó parte del discurso de la presidente brasileña Dilma Rousseff en la Organización de las Naciones Unidas del 25 de septiembre pasado. Así, las iglesias están encontrando una razón muy importante para su existencia: ayudar a los líderes políticos en la construcción de un mundo mejor.

 

Pues bien, reflexiona ahora en la incoherencia que se plantea. Esto sucede en el preciso momento en el que el pueblo de Dios está comenzando a predicar con mayor poder que el mundo terminará, pues muy pronto Jesús volverá. Y también se predica cada vez con mayor vigor acerca de la santificación del sábado. ¿Y sabes cuál es la gran estrategia sugerida por las iglesias cristianas para solucionar los grandes problemas del mundo? La santificación del domingo. Está siendo promovido un día para detenerse, para que sirva de reflexión y para forma una ciudadanía positiva en el mundo. Así podrá alcanzarse un estado de “paz y seguridad” como condición para el progreso económico y social. Parece interesante y hasta lógico, pero falla en un punto esencial. Ese plan no proviene de Dios, sino de Satanás, y su mayor motivación es la de impedir la conclusión de la predicación del último mensaje de Dios para el mundo, a través de su pueblo.

 

Domingo – Un escenario para nuestra victoria

 

No es muy feliz el modo en que el autor de la lección encara este tema. Habla acerca del escenario para la victoria, pero no explica en qué consiste. En la vida real, un escenario es el ámbito en el cual los actores actúan y donde se desarrollan los hechos que se representan. En términos del conflicto entre el bien y el mal, es el lugar donde suceden todas las cosas, especialmente el planeta tierra, aunque no exclusivamente en él, puesto que otras cosas muy importantes están sucediendo en el cielo, junto al trono de Dios.

 

¿Quiénes son los personajes en acción? En el Cielo se encuentra el protagonista: el Señor Jesucristo. Él está siendo desafiado por Satanás, quien está actuando aquí en la tierra. Jesús se hizo hombre, y en esa condición luchó, y el momento culminante de su lucha fue en la cruz. Fue victorioso, y tal como lo expresa Efesios 1:18 al 22, su victoria le otorgó el derecho de sentarse en el Trono del Universo, a la diestra de Dios, sobre todo principado y potestad, y todas las cosas fueron puestas debajo de sus pies, para que Él sea la cabeza de todo. Y el Señor le dio la iglesia, donde está su pueblo aquí en la tierra.

 

Entonces, en la descripción de este escenario ya tenemos un vencedor. No obstante, la guerra aun no ha terminado. Lo que sucedió en la cruz fue lo siguiente: el poder entre los dos líderes de los bandos en pugna, o sea, entre los dos comandantes, es tan grande que el resto de las fuerzas no significa nada. Los dos comandantes son Jesús, en su condición de Dios; y Satanás. Una confrontación entre Jesús Dios y Satanás no le permitiría ninguna mínima chance a este último, tamaña es la desproporción de poder a favor del Primero. Por eso
Lucifer perdió la primera batalla que se dio en el Cielo, y fue expulsado de allí. El poder del Señor Jesús es infinitamente superior al de Lucifer, ya sea en fuerza física, en la capacidad de concretar hechos por encima de la capacidad humana, o en la capacidad de argumentación o confrontación intelectual.

 

Aquí en la tierra las cosas se dieron diferente. La guerra aquí se libró para que Jesús se convirtiera en el Salvador para salvar de la muerte a la raza humana. Entonces se hizo necesaria otra clase de lucha, donde no se podría recurrir a la fuerza, ni a los argumentos, ni al poder de realizar milagros, sino una única exigencia: que en todo momento y circunstancia el candidato a salvador fuera fiel a su propia Ley. Y eso es lo que sucedió durante toda la vida de Jesús y, en mayor intensidad, en la cruz, hasta que la muerte llegara y acabase con aquella batalla.

 

Hasta ahora hemos estado hablando de los dos protagonistas en este escenario. Avancemos entonces. ¿Quién más y qué más podría formar parte de él? Aquí en la tierra tenemos a la Iglesia, que es el pueblo de Dios; tenemos otras iglesias, poderes políticos y otros poderes. Hay una confusión de poderes en acción. Pero en el alineamiento no hay confusión, pues o se está de un lado o del otro. El campo de batalla es este planeta, y los poderes son las organizaciones, de diversas clases, que aquí se han formado, y el pueblo de Dios.

 

¿Podemos ahora entender en qué consiste el “escenario para nuestra victoria”? ¿Cómo está conformado? En el Cielo está el Vencedor, el Señor Jesucristo. Aquí en la tierra está el otro comandante, ya derrotado, Lucifer, el desafiante. Aquí está el pueblo que se ha alineado del lado del Vencedor, organizado en forma de Iglesia; del lado opuesto una combinación un tanto confusa de fuerzas, coordinadas por el poder papal. En este preciso momento, tal como ya se ha analizado anteriormente, este poder está coordinando articulaciones globales con el fin de reorientar a la humanidad a una postura favorable a la “paz y seguridad”. Pero estas acciones tienen por principal objetivo obstaculizar la proclamación del fuerte pregón, el último mensaje de Dios al mundo, proclamado a través de su pueblo.

 

¿Qué es lo que garantizará nuestra victoria? ¿De qué modo la victoria de Jesús es transferida a los integrantes de su pueblo? Por el perdón, mediante el arrepentimiento. Es entonces que la concesión del poder del Espíritu Santo conduce al pueblo de Dios a la victoria final. ¿Y cómo se concretará esa victoria? Mediante una ardua obra de rescate de las personas que aun permanecen en el imperio de Satanás, para convertirlas en ciudadanas del Reino de Dios.

 

Entonces, la victoria ya está garantizada por lo que sucedió en la cruz, y por el poder que será concedido a todo aquél que se mantenga fiel del lado del Vencedor.

 

Lunes – Esperanza de victoria

 

¿Qué garantías bíblicas nos brindan la seguridad de que también, tal como Cristo, nosotros podemos vencer? Hay por lo menos dos. La primera es la incesante intercesión del Espíritu Santo delante de Dios Padre, como si estuviera traduciendo nuestras oraciones, muchas veces contradictorias, para que sean presentadas al Padre con coherencia. Sin duda alguna, Dios Padre entiende todo lo que hablamos. Pero el Espíritu Santo nos fue dejado como nuestro Consolador, Aquél que transforma nuestra vida. Para que transforme la vida tiene que ser Dios, pues ello es un acto de re-creación. Así, nuestros oraciones –generalmente erradas– al pasar por el integrante de la Divinidad que es el responsable de nuestra transformación, llegan al Padre del modo como lo haríamos si estuviéramos plenamente transformados. El Espíritu Santo está haciendo un idéntico trabajo al que Cristo hizo con los discípulos mientras estuvo con ellos. Gradualmente van ocurriendo cambios en la vida de las personas.

 

La segunda garantía es la afirmación de Pablo, quien dijo –inspirado por Dios– que todas las cosas contribuían para el bien de los que aman a Dios. ¿Y en qué consiste esto? Significa que todo lo bueno que le sucede a un verdadero cristiano contribuye tanto como aquello que le ocurre de malo para el bien. Por ejemplo, a un cristiano que le va muy bien en la vida, se enriquece, y si tiene una familia alineada a los principios divinos, esa condición contribuye para su salvación. Asimismo, en una familia carenciada, que tiene dificultades para sobrevivir, esa condición también contribuye a su salvación. En el primer caso, la familia reconoce las bendiciones de Dios; en el segundo caso, se fortalece en la esperanza en Dios. Aun cuando sean diferentes, las situaciones siempre, de algún modo, contribuyen para bien.

 

Una cosa es cierta: sea lo que fuere que suceda, si nos mantenemos fieles a Dios, el futuro será de eterna felicidad y armonía, en el que podremos admirar al Universo entero como obra de Dios, y ver en Él las señales de su Amor.

 

Martes – El cristiano versus el diablo

 

Satanás, ya vencido, sin posibilidad alguna de revertir su destino, pero aun vivo, y luchando, se ha convertido en alguien más peligroso que antes de la cruz. En aquellos días, delante de Jesús, la preocupación de él estaba centrada en el Hijo de Dios, más que en los seres humanos. Pero luego de haber perdido esa batalla, toda su astucia y energía se volcó ahora contra los seguidores del Vencedor. ¿Tiene alguna chance de victoria? Ni la más mínima, y él lo sabe. La única posibilidad de revertir la situación, si existiera, sería de lograr que al menos una profecía dada por Dios fallara. Y eso jamás sucederá. Ni siquiera en la cruz hubo algo que fallara, cuando su oponente luchó en condición de ser humano; imagina si fallará ahora, que el gobierno celestial está encarando la lucha en la plenitud de sus poderes.

 

Por estar en esta situación, el diablo está con una furia que no se puede imaginar. Intentemos dar un ejemplo. ¿Has visto una persona fuera de control de tanta ira? Hace cosas no racionales, ataca a quién está más cerca, incluso puede llegar a matarlo, siempre actuando sin medir las consecuencias. Multiplica ese comportamiento quién sabe cuántas veces para tener una idea de cómo está el demonio.

 

¿Ira contra quién? Contra Dios, contra Jesús, contra los ángeles que no se pusieron del lado de él, y contra el pueblo de Dios. De todos estos, los únicos que están a su alcance son las criaturas del pueblo de Dios y su iglesia. ¡Ay de nosotros si no fuera por la protección divina! Si Dios vacilara –si esto fuera posible– no quedaría un ser vivo de ese pueblo, puedes estar seguro.

 

¿Y qué es lo que busca? Eliminar al pueblo de Dios y la iglesia de Dios. Así fallaría la profecía que habla de la predicación final del fuerte pregón. Así, el pueblo de Dios no concluiría la orden de “Id”. Pero él sabe que eso no sucederá. Entonces ¿qué es lo que pretende? Todo lo que esté a su alcance. Por ejemplo, vengarse en –al menos– uno de los siervos de Dios; generar confusión en la iglesia de Dios; llevar a los miembros de la iglesia a dar un mal testimonio; seducirlos para que deshonren a Dios a través de actos ilegales; llevarlos a prostituirse con los atractivos mundanos. Es evidente que es sagaz, astuto y poderoso en el engaño. Lo sabe hacer muy bien, tiene miles de años de experiencia.

 

¿Cómo entonces nos protegemos de él? La Biblia responde. Si nos sujetamos a Dios, si nos mantenemos con Él a través de la obediencia, tendremos poder para resistir al diablo. Si permanecemos con Dios, él ya no tiene poder para buscarnos ni seducirnos. En lugar de que él nos esté rondando, será el Espíritu Santo quien nos guíe. Para ello tenemos que ser humildes, o sea, que solo los humildes estarán habilitados para ser transformados por el poder de Dios. No debemos darle siquiera un centímetro al diablo, concediéndole alguna oportunidad de que él se nos acerque. Si en algún punto simpatizamos con algo que le pertenece, es en ese punto que él actuará para debilitarnos y apartarnos de Dios, y así ponernos a su alcance. Todo lo que él necesita hacer es separarnos de Dios, nada más.

 

Desde un punto de vista práctico, podríamos considerar el caso de alguien que es celoso en todo, pero que copia en los exámenes del colegio o de la universidad. Es en ese punto que Satanás tomará a esa persona. Obtendrá una buena calificación, será elogiada, llegará a tener prestigio y será incentivado a mantenerse en esa actitud. Se graduará y obtendrá un diploma. Pero ese diploma no le pertenecerá, lo ha obtenido a través del fraude. Entonces surge una pregunta: Si algún día ese hijo de Dios realmente se arrepiente, ¿tendrá la valentía de volver a la universidad y devolver su diploma? El demonio lo ha atrapado con astucia, y su situación es realmente complicada. Así también sucede, por ejemplo, con quien evade algún impuesto en sus negocios: si realmente se convierte, ¿devolverá al gobierno lo que ha robado? Ten la seguridad de que el enemigo de Dios tiene uno, o más planes para enredarnos a cada uno de nosotros. Para muchos, ese plan es una rebeldía pasiva, cuando se comete un pecado menor, al cual quedamos atados por la costumbre, y que no consideramos tan grave como para que nos impida la vida eterna.

 

Por todo esto, no debemos darle lugar al diablo, pues él es más inteligente que nosotros. Sólo tendremos oportunidad de vencer si estamos sujetos a Dios.

 

Miércoles – Ejemplos de victoria

 

El pueblo de Dios necesita poder para vencer. Nosotros, como seres humanos, tenemos por naturaleza algo de poder. Somos capaces de aprender y de inventar cosas, incluso cosas sorprendentes, como un ordenador y su software. Pero ¿de qué vale ese poder ante el de un ángel de Satanás? En lo tocante a lo intelectual, tal vez podría compararse al poder de argumentación de un experimentado doctor en filosofía debatiendo con un niño de tres años. Además, Satanás no posee una memoria que olvida, ni tampoco sus ángeles. La experiencia de ellos, de más de seis mil años, está toda a su favor. El tiempo de la duración de la rebeldía de Lucifer supera a los seis mil años, pues todo comenzó cuando Dios divulgó la decisión de crear el mundo.

 

Nosotros, como seres humanos, necesitamos poder extra, puesto que el que tenemos no es suficiente. Sólo Dios puede proveernos ese poder. Poseyendo tal poder, la victoria nos es garantizada, pues si entre Lucifer y nosotros hay una enorme diferencia de poder, entre Lucifer y Dios hay una diferencia que no puede medirse ni estimarse, pues es infinita. Lucifer no se mete contra Dios, ni contra quien está bajo la protección divina.

 

Por lo tanto debemos recordar algunas victorias del pueblo de Dios en tiempos de Jesús. Luego analizaremos algunos casos de los tiempos posteriores a Jesús. Notemos el caso de los doce que Jesús envió a predicar. Los envió de dos en dos. Y les dio poder, y predicaron con ese poder, sanaron, expulsaron demonios y hasta resucitaron muertos. Eso sí que es auténtico poder. Luego envió a más discípulos, setenta en número, y éstos hicieron lo mismo que los apóstoles.

 

Hay algo para destacar, que no está escrito, pero aun así podemos saberlo. En aquella oportunidad en la que fueron sólo los doce apóstoles, ¿quién especialmente fue con ellos? ¡Judas Iscariote! El mismo que, más adelante, traicionaría a Jesús. Esto nos sirve de alerta, pues habiendo recibido semejante poder, aun así Judas siguió el camino equivocado, dejándose engañar por el enemigo, que quería matar a Jesús. Y él se prestó para entregar a Jesús a la muerte. De todo lo que llegó a sus oídos, no logró entender que Jesús había venido realmente a morir, y que él, Judas, sólo se estaba prestando para que eso sucediera, pero del lado de Satanás, y con ello cumplir con el plan de Dios: que Jesús muriera por todos nosotros. Hizo lo que había que hacerse, ¡pero del lado equivocado! Hay que tener muchísimo cuidado con el que fue capaz de seducir a un tercio de los ángeles y uno de los doce discípulos.

 

Los discípulos, actuaron con tal poder que los demonios huyeron de ellos. No estaban huyendo de esos hombres, sino de El que estaba con ellos, de Aquél que les había otorgado el poder, y de quien actuaba a través de ellos.

 

¿Te atreverías a enfrentar y golpear al hijo menor del comandante en jefe de las fuerzas armadas de tu país?

 

A pesar de toda la furia de Satanás, éste no es un loco: sabe bien de quién apartarse y a quién acercarse. Y tú también debes saberlo.

 

Jueves – Ejemplos de victoria: Libro de los Hechos

 

Seguramente hemos llegado a suponer que, para los apóstoles y mientras estuvieron con Jesús, fue relativamente fácil vencer en sus actos misioneros. Tenían al Maestro junto a ellos, o estaba cerca. Pero, ¿cómo explicamos el hecho de que, luego que Él partió, hicieron obras tan poderosas como las habían hecho en la presencia de Jesús? La explicación es simple: ellos no quedaron huérfanos, ni desamparados. Les fue concedido otro Consolador, otro integrante de la Trinidad, el Espíritu Santo. Recibieron poder de lo alto, para que junto a esa otra Persona divina concretar una tarea, incluso mayor que la anterior que habían hecho con Jesús. Cuando Él había estado en esta tierra, vino en condición de ser humano, o sea, sin la capacidad de la Omnipresencia. Entonces el Espíritu Santo les fue enviado con la plenitud de sus atributos: podía estar con todos ellos, en cualquier lugar.

 

Eso también es posible en estos días. Es la obra del Espíritu Santo, en gran medida de poder, lo que provoca una ira inimaginable en el demonio, a punto tal de llevar a muchos, en nuestro medio, a no creer en Él como una Persona divina. Así como el demonio intentó llevar a Jesús al descrédito ante el pueblo escogido (puesto que en los días de Jesús-hombre, era Él quien realizaba la principal obra del plan de salvación), hoy –y por el mismo motivo– lleva a muchos a descreer en el Espíritu Santo como Dios. Sucede que la conclusión de la obra sólo será posible con el poder de este Ser divino. Actuará en cada una de las personas dispuestas a trabajar en la predicación del mensaje final a este mundo. Y para poder hacer eso tiene que ser Omnipresente. Hoy la obra no será hecha sólo en una pequeña región geográfica como fue en los tiempos en los que Jesús vivió, sino en todo el mundo. Si ese miembro de la Trinidad es responsable por el poder del pueblo santo, entonces necesita ser Dios y poseer todos los atributos de la Divinidad, tales como la capacidad de conocer el pensamiento de las personas, estar en todos los lugares al mismo tiempo y de realizar milagros sobrenaturales. El Espíritu Santo no puede ser un mero ángel, por ejemplo, pues tendría poderes limitados, del mismo nivel que el de los ángeles enemigos, por lo que nosotros, pueblo de Dios, estaríamos en una situación lamentable, en lo que a poder se refiere.

 

En los tiempos posteriores a los de la presencia personal de Jesús aquí en la tierra, los siervos de Dios hicieron cosas impresionantes. Predicaron, a pesar de la fuerte oposición, y la iglesia creció. Fue un crecimiento excelente, pues la iglesia creció cualitativa como cuantitativamente. El poder les fue concedido a los miembros, fueron transformados y revestidos de capacidades, y eso condujo a la iglesia a un crecimiento cuantitativo. Es eso lo que hoy debemos procurar hacer. Cada uno necesita prepararse, consagrarse, desear la transformación y la santificación. Al prepararse los miembros, la iglesia también se capacita, y crece porque sus miembros se vuelven semejantes a su Maestro Jesús.

 

Viernes – Aplicación del estudio

 

Pongamos esta cuestión de la victoria en términos prácticos y simples de entender. Hay tres niveles de poder en evidencia: el poder infinito de Dios; el poder impresionante de Satanás; y el poder insignificante de los seres humanos. Son precisamente los seres humanos el objeto de la salvación y también el blanco de Satanás. En este caso, hay una relación desigual de fuerzas. Si el hombre o la mujer no contaren con otro poder superior al del diablo, estarían perdidos, y sin la menor chance de victoria. Pero tenemos que entender que Dios, quien tiene poder infinito y que –especialmente– es puro Amor, desea ponerse a nuestra disposición. El desea que permanezcamos a su lado. Dios quiere, a toda costa, favorecernos para vida eterna, y tiene poder para hacerlo. Entonces aquí vemos la impresionante y promisoria oportunidad de conformar una alianza entre el poder infinito y el poder insignificante, en contra de Satanás. El diablo huye de esta alianza, ni siquiera sabe cómo enfrentarla. Al fin de cuentas, si él intenta destruir al más frágil de los seres humanos, por ejemplo, una mujer muy anciana, que físicamente ya no pueda caminar mas, pero aun así mentalmente fortalecida por su creencia en Dios, en esas condiciones incluso no puede hacer nada. Pero por otro lado, imagina una de las personas más ricas del mundo, poderosa en recursos económicos, que domina sobre miles de personas, si no está del lado correcto, del lado de Dios, contra esa persona Satanás hace lo que se le antoja.

 

Llegamos al final de nuestras deliberaciones por esta semana. ¿Qué tenemos que hacer para tener a Dios de nuestro lado, y tener su Poder como el nuestro? La Biblia responde: “Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros” (Santiago 4:8).

Prof. Sikberto R. Marks

 

Escrito entre los días 26 de septiembre y 2 de octubre de 2012

Revisado el 3 de octubre de 2012

Traducción al español: Rolando D. Chuquimia

RECURSOS ESCUELA SABÁTICA ©

recursos.escuelasabatica@gmail.com

20 de octubre de 2012

 

 

 

 

Declaración del profesor Sikberto R. Marks

 

El prof. Sikberto Renaldo Marks se orienta por los principios denominacionales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y sus instituciones oficiales. Cree en la conducción de Cristo como Comandante supremo de la Iglesia y en la de sus siervos aquí en la tierra. No está de acuerdo con todas aquellas publicaciones que, a través de internet o de otros medios, denigran la imagen de la iglesia bíblica y que en nada contribuyen a que las personas sean estimuladas al camino de la salvación. El profesor ratifica su fe en la totalidad de la Biblia como Palabra de Dios, y en el Espíritu de Profecía, como un conjunto de orientaciones seguras para la comprensión de la voluntad de Dios y como texto superior a todos los demás escritos sobre asuntos religiosos. Entiende que hay siervos sinceros y fieles a Dios en todas las iglesias que, al final de los tiempos, se reunirán en un solo pueblo y serán salvos por Jesús en su Segunda Venida a este mundo.

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