Lección 9 – “El matrimonio: un don del Edén”

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Lecciones de la Escuela Sabática

Primer  Trimestre de 2013: “Los orígenes”

Lección 9 – “El matrimonio: un don del Edén”

Semana del 23 de febrero al 2 de marzo de 2013

Comentario auxiliar realizado por Sikberto Renaldo Marks, profesor titular en la cátedra de Administración de Empresas de la Universidad Regional del Noroeste del Estado do Rio Grande do Sul – UNIJUÍ (Ijuí – Río Grande do Sul).

Este comentario es sólo un complemento para el estudio de la lección original.

Versículo para Memorizar: “Y dijo Jehová, el Señor: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Génesis 2:18).

 

Sábado – Introducción

 

Cuando era joven y había llegado el tiempo en el cual podía casarme, oré a Dios para que Él escogiera la joven ideal. Parecían todas interesantes, pero nosotros los seres humanos no podemos ver demasiado detrás de las apariencias. Juzgamos por los frutos, como dice la Biblia, y Dios juzga por lo que pasa por nuestra mente, y Él ve el futuro. Y Dios escogió mi compañera para la vida. Ya han transcurrido 34 años de casados, y la vida matrimonial va cada vez mejor. Somos felices, y procuramos promover el uno la felicidad del otro.

 

Es admirable ver como Dios escogió a la mujer correcta en mi vida. Él pensó en la felicidad de ella y en la mía, y nos unió con ese fin: ser felices y facilitar nuestra salvación. Nos complementamos perfectamente, en todo. Tenemos los mismos gustos, y nada de lo que cada uno hace le incomoda al otro. Pareciera que fue hecha para mí, y yo para ella. Sólo a Adán Dios creó una mujer, obviamente, adecuada. Y a Adán, que fue creado previamente, Dios ya lo había creado adecuado para la mujer que crearía poco tiempo después. Hizo a Adán y Eva compatibles el uno con el otro.

 

Hoy Dios ya no crea mujeres para los hombres, pero Él puede, y quiere, escoger entre las existentes a la más adecuada. Creo firmemente que es así como debe ser, si deseamos que la experiencia del matrimonio sea buena.

 

El matrimonio es una pequeña sociedad, la menor de todas. Es una sociedad de solo dos personas, una pareja que se complementa. Aquí aprendemos que las sociedades de personas que se vinculan para cualquier emprendimiento deben ser personas diferentes, pero que sean capaces de actuar en armonía. Una pareja que se complementa, que entiende la postura el uno del otro, evita que uno domine sobre el restante.

 

En el transcurso de la Historia, muchas cosas han cambiada en el comportamiento humano. Es más fácil hoy que la incompatibilidad exista entre dos personas que la armonía. Una pareja de novios debe examinar bien si son realmente compatibles. Pueden los dos ser buenos cristianos, pero puede ocurrir que no sean compatibles. Hoy noto que si me hubiese casado con otra joven que aun hoy no esté en la iglesia, tendríamos problemas, porque la costumbre de vida me incomodaría, y la mía le incomodaría a ella. Y esas cosas sólo Dios puede discernirlas, respecto a cómo será el futuro de dos personas que formen un nuevo hogar. Pero en nuestros días, y en nuestra propia iglesia, hay tantas separaciones que realmente me asustan. Pareciera que Dios ya no está más con nosotros. ¿Cómo es que en la iglesia de Cristo se erra tanto?

 

La formación de un nuevo hogar se ha convertido en una cosa banal. Una muchacha y un joven se gustan, pierden la cabeza, se casan enseguida y sólo después descubren que no eran el uno para el otro. En la mayoría de los casos se separan, no por infidelidad, sino porque uno no soporta al otro. Es evidente que ese hogar no fue formado por la elección divina, con la participación de Aquél que instituyó el matrimonio y quien tiene el mayor interés que siempre termine bien.

 

Este es un tema muy importante para todos los miembros de nuestra iglesia. Necesitamos demostrar de manera auténtica que somos embajadores de Cristo, y esto significa que debemos vivir de acuerdo con lo que el Creador ha establecido y que esa es la manera correcta de vivir. ¡Y nos falta mucho para ello!

 

DomingoLo tov

 

Dios podría haber hecho todo de manera diferente. Hay infinitas maneras que Él podría haber utilizado para crear. Por ejemplo, en el principio, Él creó la materia organizada en forma de Universo, y entre los incontables cuerpos celestes, también creó nuestra Tierra. Así como la tierra, seguramente los demás planetas eran sin forma y vacíos. Y así muchos permanecen hasta hoy. Y luego fue creando seres vivos que ocuparan los planetas que consideraba adecuados para la vida. ¿Por qué Él no creó la vida en todos los lugares del Universo de una sola vez? Y capacidad para eso seguramente Dios tiene.

 

Hasta en la manera en cómo Dios hizo las cosas se evidencian los propósitos divinos y pueden inferirse significados. Dios, tal como nosotros, también tiene sentimientos, le gusta concretar cosas, le encanta lo bello y las novedades. Detesta la monotonía, así como nosotros. Debió ser muy placentero para Él crear vida en un nuevo planeta. ¡Cuán emocionante debió ser para Dios el paso de un día al otro durante la nueva creación!

 

También Él podría haber creado la vida y las demás cosas en nuestro planeta en un solo día. Pero lo hizo en seis. Y esto también tuvo un propósito. Él podría haber creado al hombre tal como lo hizo con los animales, con su Palabra. Pero prefirió armar un muñeco para después soplar en él aliento de vida. Podría haber creado a Eva como había hecho a Adán, pero la hizo a partir de una parte del cuerpo de Adán. Todo eso tiene significados y nos enseñan algo. Como ya hemos afirmado, hay una infinidad de manera que Dios podría haber utilizado para crear, pero Él prefirió una de ellas, la que está relatada en la Biblia, y esta alternativa contiene símbolos especiales, traduce un mensaje que proviene directamente de su amor.

 

¿Por qué razón Dios, al crear al ser humano, hizo primero al hombre y después a la mujer? Esto es interesante. Al llegar a la existencia, Dios le dio a Adán una tarea. Pudo apreciar toda la creación, especialmente su belleza. Y el hombre fue hecho con sentimientos tal como Dios. Entonces se le encomendó al hombre que pusiera nombre a los animales. Adán, inteligente como había sido creado, notó que todos los animales conformaban parejas, machos y hembras. Y obviamente se dio cuenta que él no tenía un equivalente hembra. Faltaba algo, la creación no estaba completa. Y esa ausencia fue intencional.

 

¡Con qué sentimientos y expectativa Adán fue a acostarse para que Dios le extrajera una parte y hiciera con ella a la mujer! Él sabía que su “varona” lo complementaría. Pero, ¿cómo sería ella? Las hembras de los animales eran diferentes, y la de él sería también diferente, pero ¿cómo sería?

 

Adán, al ser creado, al llegar a la existencia, vio a Dios. Podemos imaginar que Dios habría extendido su mano para levantar a Adán. Y Adán tuvo el privilegio de hacer lo mismo con su compañera. Seguramente él, que había visto todos los animales, y había apreciado algo de la naturaleza vegetal, consideró a la mujer como la máxima belleza de la creación. Y quedó entusiasmado, llegando a decir que era parte de sus huesos y de su carne. Seguro Adán amó a Eva a primera vista, y así también sucedió con ella. Surgió una exclamación de felicidad en el Edén, y Dios fue feliz con lo que había hecho y por el modo en que lo había concretado. ¡Cuán bueno es sorprender a nuestro cónyuge! Nos gustan las sorpresas, desde el Edén.

 

La felicidad depende de que nos sirvamos los unos a los otros, no de que dominemos sobre otros. Fue por eso que Dios creó a Eva al mismo nivel que Adán, y la hizo de una parte de él, la que estaba más cerca del corazón. Dios está conformado por una Trinidad, son tres Seres, y ellos son uno, tamaña la intensidad de amor entre ellos. El hogar comienza aparentemente con dos personas, una pareja, pero no es totalmente así. Esa es la manera equivocada de iniciar un hogar. Debe comenzar con tres seres, dos criaturas, y el Creador. Un hogar que piensa tener éxito tiene que comenzar como ocurrió con Adán y Eva: Dios uniendo al uno con la otra y, obviamente, consolidando esa unión todo el tiempo. Así como  Dios sustenta la creación, como hemos estudiado, del mismo modo se comprometió a mantener la felicidad en el matrimonio. Dios, al fin y al cabo, es amor, y el matrimonio, para mantenerse, necesita ese amor. Por lo tanto, la ausencia de Dios en el hogar es el gran factor de fracaso de los matrimonios. Así como Dios en el Edén los creó el uno para el otro, así necesita ser Él quien escoja a uno para el otro, y así su presencia debe ser también anhelada permanentemente en el hogar. Entonces habrá felicidad auténtica y creciente. Eso significa que todos los días debemos destinar tiempo para estar juntos con Dios, y también impedir que en nuestro hogar entre cualquier cosa que robe de ese tiempo y que atente contra los principios del verdadero matrimonio.

 

Lunes – Una compañera para Adán

 

Si vivimos según el plan divino, el efecto será de continua felicidad. El plan de Dios es muy simple, accesible para todo ser humano. Él quiere que nos amemos, y esto significa que debemos dedicarnos los unos a los otros como nos amamos a nosotros mismos. Esto es equilibrio. Así es como se ama al prójimo, no exigiendo de parte de él alguna actitud de sometimiento. La felicidad depende de que seamos racionales, y esto significa ser sabios para entender que haciendo al otro feliz es como todos podremos ser felices. Es imposible que exista la felicidad donde hay disputa o dominación. En ese contexto fácilmente se desarrolla la desconfianza, los desacuerdos y el conflicto. Pero cuando todos están dispuestos siempre a servir, tal como Dios, entonces es imposible que surjan la desconfianza, los desacuerdos y el conflicto. Debemos enseñarle a los niños, desde bien temprano, la ciencia de la felicidad. Es simple y fácil, pero cuánto le cuesta a las personas aceptarla. “Muy temprano debe enseñarse al niño a ser útil. Tan pronto como su fuerza y su poder de razonar hayan adquirido cierto desarrollo, debe dársele algo que hacer en casa.  Hay que animarle a tratar de ayudar a su padre y a su madre; a tener abnegación y dominio propio; a anteponer la felicidad ajena y los intereses del prójimo a los suyos propios, a alentar y ayudar a sus hermanos y a sus compañeros de juegos y a ser bondadoso con los ancianos, los enfermos y los infortunados. Cuanto más compenetre el hogar el verdadero espíritu servicial, tanto más plenamente se desarrollará en la vida de los niños. Así aprenderán a encontrar gozo en servir y sacrificarse por el bien de los demás” (El ministerio de curación, p. 311).

 

Una pareja, tal como Dios lo pensó, formada por un hombre y una mujer que ven las cosas de manera distinta, porque así lo quiso Dios, se complementan en las diferencias. Por ejemplo, un hombre, en relación a la elección del modelo de automóvil piensa de manera diferente de la mujer. Generalmente él presta atención a la potencia del motor y la velocidad que puede alcanzar; ella presta más atención a la seguridad y la comodidad. Los dos deben complementarse en las elecciones, sea cuales fueran, pues la sabiduría está en esa complementación. Para ese fin es que ambos son una sola carne. Cuando los dos dialogan y se respetan, esto es, se aman, la felicidad es la consecuencia.

 

Dios creó primero a Adán. Entonces hizo que se diera cuenta que necesitaba una compañera. Y Dios creó a Eva a partir de una costilla de Adán, y eso significa que los dos, al casarse, se convierten en una sola carne, en un solo ser, una unidad que se conforma por la complementación. Esto significa que, cuando se aman, siempre estarán de acuerdo, a través del diálogo, y nunca procurarán dominar uno sobre el otro por medio de las disputas. Tendrán puntos de vista diferentes, pero dialogando uno con el otro descubrirán modos en los que muchas veces no serán la idea de uno ni del otro. Crearon una nueva solución dialogada, y así obtendrán ventajas los dos. ¡Cuán bueno es dialogar uno con el otro, cómo se aprende y se crece intelectualmente! Cuanto más cuando se trata de una pareja, que por ser de sexos diferentes, piensan de maneras diferentes, pero siempre llegan a un punto de consenso. Así se construye el amor. Pero siempre recordando que, en el momento en el que uno procure imponerse sobre el otro, arruina todo y la infelicidad gana terreno fértil para terminar con el matrimonio.

 

La clave de la felicidad en el matrimonio es siempre procurar ser una sola carne, esto quiere decir, dialogar, con respeto, deseando siempre servir, no dominar, llegando a consensos en todo. Esto es muy fácil de lograr si se permite a Dios participar del hogar.

 

¿Por qué razón cosas tan simples, que harían muy agradable la vida aquí, son tan difíciles de alcanzar en este mundo?

 

Martes – El matrimonio ideal

 

Hace algunas décadas tuve como profesor a alguien que poseía un doctorado en Gestión Universitaria. Afirmó que la tarea más difícil es vivir de a dos, o sea, vivir casado. Y entonces pensé, si este doctor no logra convivir con una mujer, si no sabe cómo hacerlo, ¿qué me está queriendo enseñarme acerca de cómo se administra una Universidad? ¿Con qué ética pretende enseñarnos la ciencia de la gestión de una organización que generalmente posee miles de personas involucradas, si no logra tener éxito con una sola persona? Literalmente, estaba predicando una moral vacía. Perdió credibilidad como profesor. Es bueno saber que si pretendemos ser el pueblo de Dios, y damos un testimonio incoherente con esa realidad, perdemos credibilidad ante las personas que realmente piensan.

 

No es difícil vivir de a dos, como una pareja, si seguimos el plan de Dios. Y el plan de Dios, ya lo hemos dicho, es sencillo. Significa unión, en amor, de un hombre con una mujer, con la participación especial del Creador. Con el tiempo, se convertirán, debido al amor, en personas tan íntimas que actuarán como una sola persona, como una sola carne. Es el amor quien consolida la unidad. Existiendo amor, surgirá el interés y la dedicación por la felicidad del otro. Cada uno se esforzará para hacer algo que haga feliz al otro. Ese será su mayor interés. Y los dos, unidos, frecuentemente buscarán la compañía, aun cuando sea espiritual, de Aquél quien los haya unido. No se olvidarán de Dios; por el contrario, cuanto más exitosos fueran en el matrimonio, más natural será para ellos el deseo de estar juntos con Dios. Así de sencillo es.

 

El procedimiento del amor tiene una vía, la cual tampoco debe ser olvidada. Es la del marido que procura hacer feliz a su esposa. También será él quien procure hacer feliz a su esposa en los momentos de intimidad, y eso no significa que la mujer no deba tomar esa iniciativa. Siempre debemos recordar que Jesús, en lo que respecta al matrimonio, trazó una analogía de Él con la iglesia. Y sólo en ese contexto podemos entender plenamente lo que significa que la mujer sea sumisa al marido, tal como lo expresa Efesios 5:22-25. Hoy, en nuestra sociedad machista, es muy fácil interpretar erróneamente que el marido debe dominar sobre su esposa, o que ella –de algún modo– deba estar en un nivel de inferioridad. Siempre que se interprete de este modo, el resultado será el fracaso matrimonial; o, como mínimo, frustración, tristeza, peleas, y cosas afines.

 

La iglesia está sometida a Jesús, y Éste es su cabeza. Así, la mujer debe estar sometida al marido y él ser la cabeza de ella. Y aquí es donde debemos tener cuidado para entender bien lo que eso significa. Nuestra cultura degenerada puede, fácilmente, distorsionar todo.

 

Ahora bien, ¿qué es lo que el texto bíblico no quiere decir? No dice que el marido deba gobernar sobre su esposa. Tampoco dice que ella sea inferior.

 

Entonces, ¿qué es lo que, finalmente, dicen estos versículos? Comparan al marido con Jesús, y a la mujer con la iglesia. En este caso, el marido debe entregarse a y por ella, tal como Jesús se entregó por la iglesia. Eso puede requerir sacrificio, pues Jesús no escatimó nada de sí mismo por la iglesia. Llegó a morir por ella. No podemos olvidar que la iglesia es la continuación o sucesión del pueblo de Israel. Cristo se entregó por su pueblo, y por todos los que deseen formar parte de ese pueblo.

 

Sumisión quiere decir fidelidad a un marido que ama tanto a la esposa que ni siquiera llega a pensar en alguna otra posibilidad. Que nunca ocurra, como sucedió en el pasado, que el pueblo de Dios siga otros caminos, rebelándose contra la entrega que el Salvador tiene por este pueblo. En eso consiste la sumisión, una palabra un tanto inadecuada para entender esta realidad correctamente. Hay que destacar el hecho de que una mujer no debe ser sumisa a un hombre como si éste fuera su jefe o, mucho menos, si la maltrata; pero sí debe corresponder con fidelidad a un hombre que es capaz de dar la vida por ella, así como Jesús lo hizo. ¡Esta es la relación correcta!

 

En tal sentido es más fácil entender lo que significa ser la cabeza de la mujer. En primer lugar, no significa que ella esté en un lugar inferior en el hogar, y que –en ese aspecto– el esposo tenga la última palabra. Lo que realmente quiere decir el consejo bíblico es que el marido tiene la responsabilidad del sacerdocio del hogar y a él le corresponde las iniciativas por el mantenimiento de la espiritualidad, a fin de que su esposa y sus hijos sean salvos. Él es la cabeza, así como Jesús, para servir a su esposa y, cuando vengan, también a los hijos.

 

Todo esto es así para que corresponda con la naturaleza con la que Dios dotó a la mujer. Las mujeres normales tienen una gran facultad de multiplicar todo lo que es bueno, y lo que reciben de bueno. Así, una mujer que es amada, devuelve en mayor intensidad el amor a su marido, a los hijos y a todos con los que logra entrar en contacto. Dios hizo así a la mujer. Pobres las mujeres cuyo marido las maltratan, pues no logran desempeñar su rol natural, por lo que viven frustradas o contenidas, no entendiendo por qué las cosas son así. Debido a que ellas no reciben felicidad, no logran fácilmente hacer felices a otros, y por ello no se cumple la estrategia del hogar feliz que Dios planeó.

 

Entonces surge una pregunta: ¿Por qué no seguir el plan de Dios, si es tan bueno?

 

Miércoles – Proteger lo que es precioso

 

La lección también habla de la sexualidad, un tema considerado tabú años atrás. Siendo que es una realidad, y también siendo que es mal comprendida –y con ello sirviendo más para generar desacuerdos que bendiciones– es importante que este tema sea tratado entre nosotros clara y respetuosamente. Al fin y al cabo, la sexualidad fue creada por Dios, y con propósitos elevados.

 

El sexo debe ser practicado, siendo que Dios así lo determinó. Pero no como en nuestros días. El sexo existe para un matrimonio comprometido para toda la vida, y por la felicidad mutua. Esto significa, estar casados y unidos por Dios, hasta que la muerte los separe, o unidos por toda la eternidad. Y esto sólo entre un hombre y una mujer.

 

Es imprescindible que la intimidad sexual se de en el ámbito sagrado del matrimonio, pues sólo así la felicidad estará garantizada. O sea que debe darse en el ámbito de la pureza. En la actualidad la gente cree que el adulterio no es tan grave, lo admiten como una transgresión leve. Pero no es así. Es un pecado que no sucede por un mero impulso, es construido en la mente y cuando la oportunidad aparece, ya fue suficientemente acariciado, entonces se impone sin que la víctima pueda ofrecer resistencia. Sólo después que se ha consumado es que las consecuencias se manifiestan en toda su malignidad. Y lo peor es que se vuelva repetitivo.

 

Para que no caigamos en el pecado del adulterio, la recomendación de Jesús es bien práctica y eficaz, Nadie debe mirar a otra persona del sexo opuesto con alguna intención impura, pues con ello estará adulterando con ella en pensamiento. Y le está abriendo la puerta a transformar esa clase de adulterio en algo práctico.

 

Nuestra felicidad no depende de tener sexo con varias personas. Depende de que seamos fieles a quien nos ama, amando a esa persona y demostrándolo día tras día de la vida.

 

Jueves – El matrimonio, una metáfora para la iglesia

 

La fuerza y la estabilidad del matrimonio residen en el amor. Cuando los matrimonios que fracasan, es porque no se le ha dado lugar a que el amor se manifieste. Y el amor sólo proviene de Dios. No hay otra fuente de amor.

 

El matrimonio es algo tan poderoso para puede generar vida con la felicidad, que Dios utilizó ese pacto para ilustrar su relación con su pueblo, el pueblo elegido. En los tiempos del antiguo Israel, a Dios se lo simbolizó con el marido y a la nación israelita como la esposa. La relación entre Dios y su pueblo era como la matrimonial. Dios amaba a su pueblo y quería ser amado por él. Por lo tanto, se requería fidelidad de parte de ambos. Y Dios siempre fue fiel, pero el pueblo… no siempre.

 

La nación escogida debía dedicarse sólo a su Dios. No debía involucrarse con otras naciones en el sentido de adulterar la relación con Dios. Por ejemplo, no debían adorar a los dioses de otras naciones, ni involucrarse con su estilo de vida, pues era una cultura pagana. El pueblo de Dios no debía involucrarse con las costumbres de las demás naciones, debía tener sus propias costumbres. Y las costumbres siempre tienen algo que ver con la adoración. Por ejemplo, en la actualidad, la ornamentación del cuerpo, que está cada vez más extendida, tiene que ver con la idolatría del cuerpo. Hasta puede suceder que el cristiano practique alguna de esas costumbres mundanas por inocencia, no pensando que eso tenga algo que ver con un medio para destacarse entre las demás personas. Pero aún así, es una costumbre inventada por modistos mundanos, para fines de promoción personal, y –por lo tanto, como en el antiguo Israel– condenable por Dios. Tenemos que prestar atención a todo lo que hacemos, si deseamos servir realmente a Dios.

 

Los ciudadanos de la nación hebrea no debían casarse con personas de otras naciones. El matrimonio entre personas de diferente fe determina relaciones difíciles, y uno de los dos tendrá que ceder ante el otro en lo que respecta a la adoración. No hay modo de imaginar armonía y condiciones ideales para que el amor fructifique si los cónyuges adoran a dioses diferentes. Más difícil es aún si uno de ellos adora al Dios verdadero y el otro a algún dios que no sea el Creador.

 

El pueblo escogido no debía siquiera establecer elaciones comerciales, en ciertos casos, ni hacer alianzas políticas. Estas relaciones y alianzas muchas veces resultaban en matrimonios entre los hijos de los reyes involucrados. Israel debía ser una nación dedicada exclusivamente a Dios pero, al mismo tiempo, un ejemplo para las demás naciones de cuán positivo era servir a Dios. A través de los frutos de esa adoración, las demás naciones debían interesarse en pertenecer también al Dios de Israel, o incluso de temer tanto a ese pueblo que evitaran hacerle daño.

 

Así es también la relación entre el marido y su esposa: fidelidad en todo. Así como cualquier involucramiento de alguno de los cónyuges con otra persona, en intimidad de cualquier tipo, es definida por la Biblia como prostitución, en el Antiguo Israel, relacionarse con formas de adoración de otros dioses era considerado prostitución espiritual. O sea, adorar un poco al Dios verdadero y un poco a algún otro dios falso. Para que el amor funcione y de resultados perfectos, debe existir pureza por el ejercicio de la fidelidad.

 

Hoy, a la iglesia, que está en lugar del pueblo de Israel, Dios requiere de ella la misma dedicación exclusiva. Ya no tenemos problemas con la idolatría, y esto hace ya bastante tiempo. No nos estamos refiriendo a la idolatría de la adoración a dioses de piedra o de cualquier material. Pero tenemos el grave problema de la adoración moderna, los ídolos del cien, el fútbol, el boxeo, los superhéroes, y miles de otros más. Hasta manifestamos, muchas veces, la debilidad de la adoración de los bienes materiales, las riquezas, las modas y costumbres que Dios no aprueba pero que el mundo impone, los juegos electrónicos, la alimentación desequilibrada, los pasatiempos inútiles para nuestra salvación, y la lista sigue. El enemigo adaptó en este tiempo estos vínculos hacia él, de modo tal que no parezca ser adoración, y las personas caen fácilmente.

 

¿Qué sucede entonces? En el caso del hogar, cuando los niños se convierten en adolescentes, los padres se van retirando de la iglesia, poco a poco, yendo al mundo. Sucede que en ese hogar hace tiempo que el mundo ha entrado. Y ahora viene la hora de unirse a él. Así como en el antiguo Israel. ¿Qué cambió al final? La prostitución tentadora se modernizó y
se adaptó a nuestro tiempo; el modo de atracción se intensificó, pero el objetivo de Satanás continúa siendo el mismo: separarnos de nuestro Creador. ¡Y cómo funciona! ¿Y cuál es el resultado? Una iglesia tibia, comprometida con el mundo, creyendo que así consigue atraer a las personas del mundo para salvarlas. Felizmente, esto ya está cambiando, a través del reavivamiento y la reforma. Es triste, pero pocos se reavivarán hasta ser reformados; los demás preferirán continuar en el mundo hasta ser zarandeados fuera de la iglesia. Prestemos atención, esto es una realidad que conocemos a través de las profecías.

 

Viernes – Aplicación del estudio

 

Las estrellas, planetas y satélites; la naturaleza vegetal; los animales; los seres humanos; la semana, el sábado y el matrimonio son obra de Dios, y todos poseen finalidades específicas. Pero todos contienen una meta común: servir para promover la felicidad de los seres humanos para gloria del Dios Creador. Y cuando hablamos de gloria de Dios, jamás debe confundirse ello con lo que los hombres desean para su gloria. Glorificando a Dios es que seremos felices y viviremos por la eternidad, en paz, en armonía, sin problemas de ninguna clase. Ese es el plan de Dios, esa es su Voluntad. Fue con esa intención que nos creó y es con esa intención que Él está obrando para salvarnos. Él desea librarnos de los problemas que surgieron con el pecado y que, actualmente, traen mucho sufrimiento sobre la humanidad. Aquí, como acostumbro decir, sufren buenos y malos, y todo eso le causa dolor a Dios.

 

El matrimonio es una institución complementaria al sábado, y contribuye para que el humano sea feliz. El sábado es el día de la semana en el que nos olvidamos de nuestros quehaceres y nos unimos exclusivamente a nuestro Creador. Es el día en el que mantenemos una íntima comunión con quien nos creó. Es el día en el que le dedicamos toda nuestra atención a la Fuente del amor. Así es como se cultiva la felicidad. Así alimentados espiritualmente, durante los demás días de la semana estaremos viviendo según los principios de la vida feliz.

 

Si el propio Dios no es una sola persona, nosotros tampoco lo seríamos. Dios nos hizo para que vivamos en parejas, para que formemos familias, donde permanezcan las personas en una relación íntima, unidos por lazos de sangre.

 

Un hombre y una mujer que se casan según el plan de Dios, o sea, integrándolo al matrimonio, no son de la misma sangre. Pero se convierten en una sola carne a causa del intenso amor entre ellos. Y el amor –o sea, Dios– los une en un increíble vínculo indisoluble. Se vuelven inseparables porque con cada día que pasa son más felices entre ellos porque el amor se intensifica. Cada uno depende más y más del otro. Cada vez más desean estar juntos, por lo que se vuelven, día tras día, más inseparables. La felicidad de ellos depende de que permanezcan juntos, unidos. Se vuelven más semejantes a la Trinidad.

 

Entonces, ¿qué es el matrimonio? Es la unión promovida por el Creador, cuando Él escoge a un hombre y una mujer compatibles para vivir juntos a fin de promover la felicidad mutua. Y es en los sábados que ellos intensificarán su dedicación a la felicidad, tanto de ellos, como de los hijos que lleguen, y de todos aquellos a los que puedan influenciar. Con el paso del tiempo, serán tan felices por estar casados que no lograrán retener esa felicidad sólo para ellos. Rebosará hacia un círculo de personas más amplio, que se convertirán en amigos para la vida eterna. Así es el plan de Dios.

 

Pero, lamentablemente, el ser humano generalmente considera a los planes de Dios no suficientemente buenos, y se inventa alternativas, y generalmente las cosas salen mal. Como aquél profesor de gestión educativa, que creía que la vida de a dos era la cosa más difícil del mundo. Pues bien, si algo que es tan simple, que no podría ser más sencillo, si eso aquí en nuestro planeta no funciona, entonces es señal de que la degeneración por el pecado ha avanzado tanto que está acabando con la sociedad humana.

 

¿Por qué nosotros, como adventistas, deberíamos ser afectados por tal degeneración? Nuestro testimonio debe ser conforme al plan de Dios.

 

 

Prof. Sikberto R. Marks

 

Escrito entre los días 16 y 22 de enero de 2013

Revisado el 30 de enero de 2013

Traducción al español: Rolando D. Chuquimia

RECURSOS ESCUELA SABÁTICA ©

recursos.escuelasabatica@gmail.com

22 y 23 de febrero de 2013

 

 

Declaración del profesor Sikberto R. Marks

 

El prof. Sikberto Renaldo Marks se orienta por los principios denominacionales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y sus instituciones oficiales. Cree en la conducción de Cristo como Comandante supremo de la Iglesia y en la de sus siervos aquí en la tierra. No está de acuerdo con todas aquellas publicaciones que, a través de internet o de otros medios, denigran la imagen de la iglesia bíblica y que en nada contribuyen a que las personas sean estimuladas al camino de la salvación. El profesor ratifica su fe en la totalidad de la Biblia como Palabra de Dios, y en el Espíritu de Profecía, como un conjunto de orientaciones seguras para la comprensión de la voluntad de Dios y como texto superior a todos los demás escritos sobre asuntos religiosos. Entiende que hay siervos sinceros y fieles a Dios en todas las iglesias que, al final de los tiempos, se reunirán en un solo pueblo y serán salvos por Jesús en su Segunda Venida a este mundo.

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